De su cigarrillo mal apagado.

Una hora antes ella había recogido la cocina, limpiado los platos, barrido y fregado el suelo. Guardado el hule. Montado la mesa. Casa recogida sin niños. Subió a teñirse el pelo, las uñas pintarse, se duchó, perfumó y maquilló. Se puso el vestido nuevo y se encerró en el baño.

Se ahorcó con una cuerda del trastero. Ring. Pataleaban sus piernas cuando sonó el teléfono. La llamaban de una oferta de trabajo. Había sido seleccionada. Tarde. Sin aviso. La vida ya le había vencido.  Aún olía a tabaco.

 

La Suelta.

Sólo ceniza quedaba en el alfeizar.

En un colegio cualquiera, pequeñito, de un pueblo cálido, la han vuelto a armar. Se montan su propia fiesta. Se la colorean ellos mismos, la cantan, la bailan. La saborean, la disfrutan.

Y yo los miro divertida. Envidiosa.

La fiesta se crea al calor de la gente.

Nadie mira el reloj. Nadie consulta el móvil. No tienen nada más importante entre las manos.

La fiesta se monta con un Te invito. Te esperaba. Qué bien te ha quedado. Eres lo más. Cómo te quiero. No te conocía. Te quiero. No te vayas. Qué idea tuviste. Qué bien cantas. Cómo lo bailas… y siguen…

El niño disfruta el espectáculo, la madre baila con él divertida, niña, infantil.

El padre que pincha la música, la banda montada por ellos. La cena compuesta en las brasas. Lo de menos es el qué. Lo importante es el contexto.  La compañía, hacerlo entre todos. cuantos más seamos…

La alegría en esos niños. Radiantes, felices. Niños de cuarto de primaria ayudando a los de infantil. A levantarse. Secarse, avanzar. Crecer. Aprender.

Cuanta magia.

Los padres les miran embelesados. Ríen. Comparten. Alguno se queja, otro consuela.

Los camareros de nuevo son padres, madres. Con ganas. De marcha, de ayudar, de compartir.

Y se impone la luna, tozuda, presente.

Les trae la noche, se cierra la fiesta. Aunque no a la primera.

 

Mas no consigue llevarse la magia, el sabor a común.

Estoy. Ayudo. Colaboro. Oyente. Poco más.

Que regusto a envidia. A veces la vida divertida hace que nos sepa a dulce, a intenso. Agradeces que en días de junio como este venga la emoción y la armonía a acompañarnos… La alegría y la emoción abrazadas. Qué sabor más agradable.

 

Sospecho que la melancolía se alimenta de momentos así, de tardes como esta, de bailes desacompasados, cantantes improvisados, micros compartidos, esa alegría desbordada de un niño emocionado.

 

A ver si aprendemos a guardarnos estos recuerdos en el mejor rinconcito de nuestra memoria. Para no olvidarlos.

 

 

¡Viva la Festa Major del Tiziana!

¡Viva la Festa Major!