Contradicciones

Estoy esperando religiosa, obediente y pacíficamente en la cola del supermercado, cuando sin quererlo ni pretenderlo, mis ojos caen sobre esa mujer mulatona, negra, exótica, tremenda, lo sabe bien.

Se ha maqueado como si fuera a un casting para el club eclipse… ¡Dios mío de mi vida! Tiene unas curvas que volvería loco a un compás. Un culo y unas tetas que ni la … lleva un vestido ceñido en estampado tigre. Labios rojos carmín. Zapatos de aguja. Melena con mechas que juraría por mi blog que venía de la peluquería. Melena leona. Y se contonea bordeando lo erótico sacando la leche y el arroz del carrito del súper.

Efectivamente el mundo lo formamos diversidades culturales con multitud de inquietudes. Distintos pudores. Y diametralmente opuestos gustos.

Pero ella no para de sonreír. Parece hasta divertirse.

Y no puedo dejar de mirarla.

Me pregunto qué hará y cómo vestirá, pues, para ir a la discoteca…

Quito la mirada y en la cola de al lado un chico embobado se la mira con total descaro. Con literalmente la boca abierta. Lengua seca y con la novia al lado. Modosita. Discreta de formas. Melenita. Mocasines y pinta de no haber roto en la vida un plato. Empezar las frase con perdón y acabar con por favor. Se lo mira disimulando. Como sin mirarle. Pero sin quitarle ojo.

Y la mulatona repara en el descaro del “niño”, en los celos de su chica y en el poder de su curva. Y se lo mira descaradísimamente a la cara y le sonríe juguetona. Le guiña un ojito. Le pone morritos y se carcajea en su cara.

La novia no da crédito. Se gira indignada.

Pero el chico ya nada ve: ojos en blanco intentando poner en funcionamiento el cerebro superior.

Que la chica que le conviene es la que está en su cola.

Se queda mirando al suelo…

Miro el reloj: 12:00.

En el súper

Bueno, al menos la espera está siendo divertida. Pero me pregunto si hay cámara oculta. Fijo.

El mundo no es el que conocía. He cambiado de planeta o me salté alguna clase.

La mulatona se va con su carrito para el parking.

Contoneándose a más no poder.

El chico la mira cruelmente descarado alejarse.

Y en un instante se acuerda que vino con su chica. La mira, está dolida. Se lee en sus ojos: la cagué. Sorry. Pero estaba buena. Casi justificado…

 

Me voy hacia el parking, dándole más vueltas a mis pensamientos.

La encuentro en el baño de mujeres en esos que tienen el bajo de la puerta alto y ves los pies… se mete en uno.

Me quedo flipando al verle los pies como se colocan los hombres de pie y mirando al wc…

No puedo soportarlo, me agacho y miro debajo de la puerta: EFECTIVAMENTE. Es un tío.

Hubiera salido corriendo a decírselo al pobre chico dudoso mentalmente infiel.

 

O mejor no.

Mejor no saberse engañado por otro hombre…

 

 

Inquieta

 

La suelta