ARTE. Difícil jeroglífico.

Siempre has querido saber de arte, entender la pintura, poder discernir una música de otra, siempre has querido ir a la ópera… suena tan bien… Cuando oyes la palabra ópera lo primero que te viene a la mente es a Julia Roberts envuelta en un vestido rojo emocionada a punto de pipi, con un súper collar que no parece de bisutería y acompañada de Richard Gere en su papel de caballero… quizá eso te haya hecho coger más ganas de entender la ópera, pero no has escuchado ni media. En el fondo acabas poniéndote a la Shakira en la ducha.

Pero te gustaría ir, escuchar y entender. Una cosa no quita la otra. “¡Llámenme contradictoria!”.

Te encantaría disfrutar la pintura, deleitarte con un cuadro, como hacen “los que saben”. Tienes un amigo que es culto a rabiar, que sabe más que la enciclopedia, que hablar con él es simplemente una delicia, que cuando habla escoge cada una de las palabras, algunas no las has oído nunca, pero las escoge cada una delicadamente. Tú escuchas atenta y cuando llegas a casa las buscas en el diccionario. Saboreas sus palabras y disfrutas sus diálogos, vuestras reflexiones a pachas. Y al acabar te sientes un poquito más culta. Simplemente por su amistad. Este amigo te ha dicho que da igual que no hayas visto nunca un cuadro, da lo mismo que no entiendas de arte, si quieres emocionarte… ve a ver Las Hilanderas. “Te emocionará, te transportará, te sentirás inmensa. Es una pintura que simplemente te traslada.” Y automáticamente afirma: “si no sientes nada al ver ese cuadro… es que ¡no tienes alma!”

¡Uah! Si él lo dice, será así. Quizá sea la experiencia de mi vida… quien sabe. Convences a una amiga, tren a Madrid. Directas al Museo del Prado, la convences con una experiencia mágica, irrepetible, que el arte es mucho arte, que hay que dejarse llevar… entráis directas, buscando el cuadro, allí está, te acercas cual virgen ante su adonis. Lo miras, lo observas, te acercas. Te alejas. Pasan unos segundos, ves muchos tonos ocres, algún punto azul, rojo… unas señoras que hilan… os quedáis en silencio unos segundos. Tú y tu amiga. Es complicado esto del arte… quizá tarde un ratito en hacer efecto, como los Gin Tonics… claro, habrá que darle tiempo.

Sigues en blanco, miras de rasquis a tu amiga. Ella está igual. Te sientes… pequeña, el arte no te hace efecto, debe ser droga para genios. Te vas entristeciendo… no ves nada, miras fijamente el cuadro a ver si se te aparece Da Vinci… pero nada. Os giráis lentamente la una hacia la otra… y le preguntas en voz bajita:

–          ¿tú sientes algo?

–          Nada. Pero nada de nada.

–          Quizá hemos de esperar.

–          Llevamos 20minutos mirando un cuadrote marrón. Me pone más el segurata del museo…

–          Estamos mal.

–          Nos vamos a tomar algo.

–          ¡Rápido!

 

Os largáis a la calle y buscáis un bar un poco alejado sin vistas al Museo… pedís unas cañas y un platito de jamón… mmmm. ¡Por Dios! Qué bueno está el jamón… son las 12.00 del mediodía no tenéis nada en el estómago. La cerveza entra directa sin peajes, semáforos ni curvas a vuestro sistema nervioso. Utomáticamente! Y después viene otra cervecita. Y os decís en secretitos que esto de los museos es para sabelotodos. Y empiezas a pensar si no será todo una farsa. Y que la gente no se emociona, simplemente dice que se emociona… en la cuarta cervecita ya sois taaan amigas del camarero y éste os confiesa que nunca ha entrado en el museo.

El día se alarga, cañita tras cañita, después os váis de compras y a la noche vuelta a casa, agotadas pero felices como una perdiz. Os lo habéis pasado teta. Lástima que la visita al Museo no funcionara. Prometía el plan.

 

Ya en casa, no sabes si llamar a tu amigo, por confesar y porque quizá “no te hace más amigo”. Se mea de la risa cuando oye tu relato…

Otro cuadro será. El arte será para mayores. Tú eres inmune. Será eso.

 

Pero qué bueno estaba ese jamoncito… y el segurata… tendremos que volver a Madrid.

 

Inculta.

La Suelta

 

Esa batalla interna…

Todos hemos sufrido la pregunta ¿qué quieres ser de mayor?

Aquella niña quiere ser creadora de colores para crear el que le falta.

Otra quiere hacer cine, la otra quiere ser Bailarina…

“¡Policía!”, al niño habría que explicarle que no sólo dirigen el tráfico…

O la niña que quería ser granjera, “para tener animales.” pero alguien te dice “¡no! ¿Qué dices? ¡No es rentable!”

Y entra en tu vida el concepto de rentabilidad.

 

Rentabilidad se supone que es el rendimiento que adquieres de las cosas que haces, el retorno de la inversión, el beneficio que obtienes.

La rentabilidad es un concepto seguro. Inspira estabilidad. Parece que necesitáramos rentabilidad en nuestra vida.

 

Por otro lado está la Vocación: aquello que te gusta, te divierte, hace tu espíritu de niño aunque tengas 50 años, lo haces sin esfuerzo, con dedicación, con más o menos acierto, con más o menos aptitud. La vocación es tu hobby, tu pasión.

 

Y la vocación es más fuerte que todo aquello y empuja;

Empuja y brota; se anuncia y reclama, grita, se impone.

Sin educación. Salvaje. Primitiva.

Emerge y no pregunta, invade, ¡empapa!

¡Llevaba tiempo acallada, sumergida, silenciada!

 

Al final la vocación sale, cual caballo desbocado.

 

Los niños piensan con el corazón y eso es bueno, ¡es honesto!

Cuánto más jóvenes somos más sentimentales, auténticas y honestas son nuestras decisiones.

Después vienen los años, las formas;

Los pesos, las normas.

El “tengo, tendría. Debo, debería.”

Se encorsetan los modos, nos enfundamos la máscara, de formalidad, rendimiento, economía, ambición, trabajo, diplomacia.

Olvidamos al niño. Le callamos la boca. Lo silenciamos.

 

Pero la vida fluye, avanza.

Y el niño se libra, se suelta, sale, grita y reclama.

Quiere jugar y juega.

 

Porque si decides ser otra cosa que lo que tu corazón pide…

Estate atenta para saber que te estás a ti desviando y no temas: al final la vocación, el corazón, estallará cual verdad desdichada y te suplicará que retomes tu cine, tu baile, tu genio, tu deporte, tu escritura cual respiración anhelosa de tu alma.

Desmerecida, incorrupta, salvaje, en bruto.

 

Las decisiones se toman con el corazón.

 

Y a aquel habría que decirle que el rendimiento de nuestra vocación es directamente la propia, incuestionable, pura y valiosa felicidad más sincera.

Nuestra individualidad más inmensa. Impagable.

 

Porque el corazón al final siempre se deja oír.

Honesta.

La Suelta.

Plan de domingo.

Nunca te han gustado los domingos. Pero si son lluviosos menos. Y si no hay plan y ni un duro. Directamente deberían estar prohibidos. Son una tortura mental. No fomentan, no aportan. Chupan energía positiva. La tarde de domingo se convierte en una lucha mental contra todo lo que hay que hacer en lunes. Deberían teletransportarnos después del vermutito del domingo a las 12:00 del lunes, como mínimo.

¿A quién se le ocurrió semejante día?

Y además este domingo estás especialmente de mala hostia. No sabes por qué. Habéis decidido poner en marcha una campaña de “mierdas las justas” en casa, se va todo fuera lo que no necesitáis. Quizá habéis escogido un mal día de la semana. Pero ahí va.

Cada objeto que coges es: “esto no lo uso… pero… ay! Qué penita! Jolines. Lo guardo. Quizá más adelante, lo necesite. Para… dejar, reciclar, guardar, escribir. No puedo tirarlo. Es muy valioso. Este artilugio me recuerda a cuando… este pañuelo hortero a rabiar me lo regalo… no puedo tirarlo.” Y te vas cargando tú. Las cosas del otro las quemarías todas. No sirve ninguna. Todas son cagamandurrias.

Te sientes rellena de mala leche, como un bollito. Todo está mal. Nada te parece bien.

A la media hora de empezar, paras. ¡Qué hambre por Dios! Cariño, tengo hambre he de parar… le dejas a él sepultado en cajas, trastos y viejos tesoros.

Vuelves… al cabo de una hora, cafetito, bocata, revista y seguimos.

Empiezan las desaprobaciones, todas hacia él:

– Eso ahí no, rey.  Que no ves que eso así no se hace.  ¡De verdad! Cariñito, Que es que no te das cuenta que así no funciona!. ¡por dios, amor, que la cabeza está para algo…!

– Me voy a hacer un pipi.- Vuelves… quizá peor.-

El chico pone voluntad. Su rendimiento es casi el doble al tuyo, lleva todo el trastero limpio. Tú miras, opinas, dudas y vuelves a dudar… y esta mala leche interior que te inunda… vuelves a increparle. Sin venir a cuento y lo sabes… te escuchas y te odias, internamente, en silencio. Hay una vocecita interna, amiga, que te dice: “cuca, ¡así no!. Cambia el registro.”

Él suspira. Y tú respondes:

– ¿suspiras????

– déjame al menos suspirar. – responde él-

Se hace el silencio.

Él te mira:

– ¿cariño?… – se piensa la pregunta, te mira como pidiendo perdón, te busca la mirada.-

Tú te lo quedas mirando, piensas que qué debe ser eso que le cuesta tanto pronunciar estás a una coma de enfadarte… por… por… si acaso!!

– Cariñito, ¿te ha de venir la regla?

Pregunta nefasta, mazazo al domingo, crash matutino, te sientes ofendidísima, ¿cómo se atreve?, será insensible… pedazo de ….

– Me ha de venir…

Piensas en qué semana estás y caes en la cuenta que estás a puntito a puntito…

– Me ha de venir… ya. Mañana o pasado. – Lo dices en susurro, en voz débil. Pasan ante ti todos los apelativos destructores que le has dedicado en esta mañana de domingo. Quieres rebobinar la cinta, volver a empezar, cerrar el pico, sufrirte tú a solas. Te sabe mal por él. También por ti: tú eres la hormonada. Y no te has visto venir.-

Se hace el silencio…

Empiezas a reírte. La verdad, visto desde fuera tiene su gracia. No sabes si te ríes de ti, de él o de los dos.

A quien se le ocurre encerrarse en un trastero un domingo en estas condiciones.

Te lo miras, tiernamente, no sabes porqué, pero esa carita de pena al preguntar, ese aguantar y no decirte claramente: “¡vete a la mierda, histérica!”

Decidís largaros a tomar el aire, tocar la lluvia, pisar los charcos, desvestir el domingo y arrancarle minutos. Habéis decidido reíros de vosotros y de lo raro que es este mundo.

Hoy es domingo, lluvioso, tedioso, sin plan, sin un duro y a puntito de regla. No puede haber mejor plan.

La tarde de domingo sólo acepta un plan: películas. A ver si te deja escoger a ti una romántica que acabe en besito, en te quiero y eres lo mejor que me ha pasado.

Pasando de dramas existenciales.

 

Hormonada.

La suelta.

Hay días grises.

Hay días que las cosas no suceden como esperábamos, deseáramos o hubiéramos programado. Hay días que se tuercen sin más. O días que por algún despiste se nos olvida la llave que arranca el coche. Simplemente eso.

Un día te levantas y después de quedarte sin tu champú en la ducha, sin encontrar ropa oportuna en el armario, aquel que no cabe un alfiler de ropa que acumula, sin tener tus vaqueros preferidos limpios (tendrás 10 pero acabamos usando aquellos) chuparte caravana de camino al trabajo, no encontrar sitio para aparcar. Consigues alcanzar tu silla, tu sitio de trabajo. Pasa una compañera de trabajo y te dice (tono normal): “buenos días, uy! Qué mala cara haces!”

Tu boca emite: “buenos días, no, es que he dormido mal!”

Interiormente tu mente rebuzna: “cómprate un bosque y piérdete! Pedazo de burra!”

¡Dios!!

Pero ¿qué ha hecho el cielo para darme tal grado de mala hostia, tal dosis de mala leche, qué ha hecho la santa compañera para recibir de tu subtexto dicho apelativo?. ¿A quien maté en otra vida para querer hacer desaparecer a la gente que te rodea y enviar al otro mundo a los que no son de mi agrado?. Que en este momento sospechosamente son todos. Parezco Obelix en versión marmita de mala hostia. Abres el ordenador y no seguimos bien. Hemos de hacer algo para cambiar, he de apuntarme a clases de yoga, investigar en la religión hindú, aquellos monjes del Tíbet parece que podrían darles por culo y seguirían sonriendo en modo la felicidad soy yo … y a mi que me dicen buenos días… y… ¡quiero convertirme en terrorista!. No puede ser. El mundo está mal, pero yo estoy peor…

No puede ser, algo hago mal.

Pasa otra compañera: “buenos días, ¿Qué no has dormido bien?”

Tu cara: sonríe, justificándote y asintiendo.

Tu subtexto: “te pondré un petardo en el culo que te enviará al extrarradio, so-inútil!”

Y en ese mismo instante caes.

Te das cuenta que con las prisas, los cinco minutos más de sueño, el no sé qué ponerme (cuando podrías vestir a 100 amigas conjuntadas todas y a ninguna le faltaría un accesorio), nunca sabes qué ponerte, whatsapp por aquí, mensajito por allá, te has ido cagando leches… Y NO TE HAS TOMADO EL CAFÉ.

¿seré imbécil? ¡Que mi cuerpo necesita la cafeína!. Más que el aire que respiro, más que el abrigo, más que el pintalabios, más que MacGyver a su chicle.

Te disculpas, sales pitando al pasillo, hoy no te esfuerzas en llegar a la cafetería te conformas con una dosis industrial de máquina y te pides un americano. Y te lo bebes cual yonqui con su dosis. Tu particular droga, tu pequeña dependencia, tu rincón de positivismo inyectado. Ahí va.

Calentito, de cualquier calidad, cafeína.

Y vuelves a tu sitio de trabajo, el cielo dirías que se ha despejado, qué día más soleado, cálido y fenomenal.

Y pasas frente a la mesa de tu compañera y cacareas sobre el programa de tele al que estáis enganchadas, seguís, comentáis y despellejáis a todo títere viviente, te disculpas por lo borde y seca que has sido antes, compartes, disertas, comentas. Ya no te sientes un bicho viviente rellenado con mala hostia. Ahora eres esa persona maravillosa, dulce y encantadora cual muñeca Nancy, sin atisbo de mala intención.

Y vuelves a tu sitio gloriosa, te vas a comer la jornada laboral, la vas a arrollar, a diseminar, desmontar y volver a montar, no dejarás informe a medias.

Y para mañana te pondrás dos alarmas: una para salir de la cama y otra para tomarte el café, antes de interaccionar con nadie. Por el bien de la humanidad.

 

Descafeinadamente.

La Suelta.

Lo que da de sí Ikea…

Quería servilletas de colores. Ikea: Son monísimas y baratísimas.

Pero el señor Ikea pretende que me dé una vuelta por sus expositores antes de coger lo UNICO que necesito.

Accedo, no me cuesta mucho, me doy una vuelta.

¡Qué sofás más monos, qué ricura de cojines, qué comedores tan cucos!

veo un invento rarísimo para las bolsas de plástico… 3€! ¡Lo cojo!

Un soporte para el pc en el sofá! ¡Qué invento! ¡Cómo he podido vivir sin ello! ¡Lo pillo! ¡Las cortinas del baño… Modernitas con dibujos, mismo tonos que las baldosas de mi baño, señor Ikea tiene cámara oculta… Baratísimo. La mía está que da pena… ¡La cambiaré! ¡Oh! Unos vasos con vidrio de color… ¡Qué originales!

Me detengo maravillada en la zona de las velitas… Hay un decorado con unas 20 velitas… ¡Divino! Son muy baratas, vela y posa velas 2,5€!!! ¡Cojo una!.

En una esquinita de la zona de alfombras hay una parejita haciéndose carantoñas, no hay nadie más que ellos y yo, se sienten solos. Él le da un beso ella corresponde, lo alarga, ¡Ay! Nena debería mirar hacia otro lado… ¿No? Aparto la mirada… me muero de curiosidad. ¡corroe!

Vuelvo a mirar… Él la abraza… Al principio cariñosamente, pero después la arrima con fuerza y le baja la mano al final de la espalda… ¡Y un poco más! ¡Le apreta el culo! El tío… ¡Se está poniendo cachondo! ¡¡Aquí en medio del Ikea!!?? Les miro atónita, haciendo ver que me interesa una alfombra hortera a rabiar para mi saloncito de 10m2… Mis ojos les apuntan directamente sin titubeos. Me digo que sí, que definitivamente soy voyeur… Sino ¿a qué? Me digo que es como una película romántica en vivo y en directo, sin descargas ilegales, sin entrada al cine, sin palomitas… Pero en high definition… Digo yo. Ella le coge el cuello, mantienen los ojos cerrados, el beso ha pasado a morreo en toda regla. ¡Con lengua!.

Me digo: “no mires. Quita la mirada.”

Mi diablillo interno: “si están en un sitio público…”

Mi conciencia: “no se mira… ¡Es feo!”

En realidad son guapos, parecen enamorados! ¿Serán pareja estable?… mmm puede, ¿amantes?… Fijo, ¿matrimonio?… O reciente o no puede ser. No existe matrimonio que aguante esa pasión… ¡Agotador! ¡No tengo idea! Paran y se miran a los ojos, se deben haber dicho algo así como que tienen que parar que no es el sitio… Miran a los lados y me ven con mi cara de idiota!! Ojos como platos, boca abierta… ¡Lengua seca! Sacudo, miro la alfombra y hago como que muuuy interesante. Pero no, no me la llevo.

Pensarán que no he visto un hombre en mi vida, que no veo películas, ni besos, que salgo de un convento, que me secuestraron unas monjitas y ahora me han dejado libre. Que soy recatadita…

Me queman las mejilllas, me arden las orejas… ¡Qué sofoco! camino rápido por los pasillos…

Sigo caminando y paso por la zona de armarios, una pareja discute acaloradamente, ella le dice: ¿no lo ves cariño? ¡qué mono quedaría en nuestra habitación! Él: “¡Que no cabe! Cari, ¡no cabe! Nuestra habitación es más pequeña!” “Que noooo…” responde ella, como si el pobre no tuviera ni idea (el tipo que fue el que montó todos los muebles de la habitación ¡fijo!) “cariño, ¡que sí cabe! ¡Es una ricura! ¡Y muy barato!”

Él pone cara de casi-convencido…

Cada pareja parece bis de la anterior. Merece un post…

Paso de largo, cajas de salida… ¡Por fin! ¡Salgo! Con mis servilletitas… y 19 cosas más súper necesarias!

No es normal que entrando a Ikea a por unas servilletas salga con 20 artículos imprescindibles. Todos baratísimos!

Pero claro: barato+barato+barato=un muchito carito!

¡Joder con las servilletitas!

Es que dudo que se pueda entrar en Ikea y mirando al suelo, coger solo las servilletas, volver al mirar al suelo y salir.

¡Si entras en Ikea ya has pringado!

¡Señor Ikea esto no se hace!

Y en ese momento de ida mental los veo: veo a la parejita de la sección de alfombras llegar a caja cada uno con una cosita en la mano, van juntos pero por separado, paga ella y se va lanzándole una mirada carnívora, se dirige al parking por la izquierda; él igualmente paga y se va en dirección opuesta. ¡POR SEPARADO.

¡Uuuuf! Qué raro! ¿Serán amantes furtivos que se citan en ikea? ¿Le estaré poniendo más chicha a la limonada!? Hoy me hacía investigadora privada.

Llego a casa y monto la velita, no queda tan cuca, claro, el decorado era con 25 velitas.

Pero… ¡Lo que da de sí una visita a Ikea!

Voyeur

La suelta.

¡Ole, ole y ole!

A todas esas mujeres trabajadoras que luchan cada día por su valor laboral.

Por su independencia moral.

Que trabajan y trabajan. Remuneradas y sin serlo.

En función de su valía o por debajo de ella. Y avanzan.

Que no les da miedo nada. O lo ignoran.

Que piden su sitio, lo reclaman y lo demuestran.

Que tiran de la casa, de los niños y de su trabajo.

Priorizan entre dudas.

Deciden con el corazón.

Que se ausentan para llevar el niño al pediatra y recuperan de su tiempo libre.

De sus noches recortadas.

Que no aspiran a Dirección.

A veces, simplemente, a que todas las cajitas de su memoria no se desmonten.

Que la palabra lujo les suena a revista.

La palabra viaje en impagable.

Pero siguen currando.

Que inspiran sentido común y lo reparten.

Haciéndose un sitito. Dando opinión.  Archivando facturas ajenas.

Ordenando el mundo éste que anda descolocado.

Coloreando de empatía el extraño mundo laboral.

Acariciando el alba para poder tomar su cafeína en soledad.

Antes que empiece el barullo de su día a día.

Porque antes de su jornada laboral van otras muchas cajitas que ordenar.

Casi todas ajenas.

Que encajan sus horarios cual tetris vital de sus vidas.

Que es tan heroico llegar al final del día como a final de mes.

Que no miran como está el mundo porque se pondrían a llorar.

Pues no entienden. Ellas no entienden las guerras.

Quizá no comprendan los términos inflación, déficit… sólo saben que han de seguir adelante, no desfallecer y a seguir currando.

Porque hay facturas propias por pagar. Bocas que alimentar.

No cabe el desánimo. No se escribe cansancio.

Ya llegará el domingo; o ni entonces.

Y vuelta a empezar.

 

¡Ole ole y ole!

 

¿¡Qué haríamos sin tantas como vosotras!?

¡Qué lección de vida!

Porque siempre han existido las mujeres trabajadoras.

Sólo que ahora les han puesto nombre, son remuneradas. Pagadas.

 

¡Pero no había mujer más currante que nuestras abuelas!

Me refugio en su fuerza para tirar de mi día a día.

Para cuidar, amanecer, trabajar y volver a trabajar.

Porque habrá un mañana más liviano… ¡quien sabe!

¡¡Hoy un ole por todas y cada una de las mujeres trabajadoras!!

 

Admiradora

La Suelta.

¡Qué sueño!

¡Rifo mi cuerpo, lo regalo, lo doy, lo cambio!

Sobre todo cuando se desvela, se angustia, a la 3, las 4… De la noche. Caen los minutos y se ensanchan las PREocupaciones, se torna la angustia en mayúsculas y pesa la noche. Pesa y pesa.

3:00

Y miras la hora, me doy la vuelta y otra vuelta.

Un pipi. Un vaso de leche. Un post. Una angustia y otra. Un miedo.

¡Un ladrón! ¡Ay! ¡No! Era un gato.

3:30

La noche se alarga se hace eteeeeerna.

Como este post.

No acaba.

¿Sueño? No lo percibo.

¿De donde vendrá el sueño? ¿Del cerebro? ¿Del corazón? ¿De mi alma?

¿Quién produce mis sueños? ¿Quién es el guionista de mis sueños?

Se apodera de mi la angustia: mañana me deja! Fijo! Me ha dicho un “hasta luego…” Muy seco. ¡Qué raro!

4:10

Ya han pasado 40 minutos.

Me odio, a mí misma. Y este run.run en la boca del estómago.

Y sigue. Ronronea y no calla.

Es culpa mía.

Todo es culpa mía: la lluvia, el viento, la crisis, todo es culpa mía…

He de pensar algo para solucionarlo.

¿Me pongo a trabajar?… No. Eso ya sería de psicoanalista. De traca.

Pero él… ¡Fijo que me deja!

Se acerca el reloj a las 5…

Aaaaaaah! Un bostezo.

Pareeeeeece que tenga aaaaaaaalgo de sueño! ¿No?

Ahora… Ahorita…

No.

Vuelta, me coloco el pijama se me ha envuelto en la pierna.

Reproduzco la conversación en caso de que me deje…

“Yo más…”

Me duermo hacia las 5:30….

Sueño profundo.

7:00

Bip.bip.bip.

¡Qué ruido es ese!!!!?? Parece que me arranquen la vida, que una losa cierre mis párpados…

¡Quéeeeee sueño! ¡Diooooooos!

¡¡Que me muero!!!

¡Que se quede otro mi cuerpo indominable!!

Mi caprichoso horario de sueño…

Me miro al espejo, simple espectro de lo que puedo ser.

Nada que no arregle una buena capa de antiojeras, maquillaje, maqueadita.

Me digo, me juro, me prometo, me automotivo. “Avanti avanti, bella! ¡La piú bella!”

Y salgo a la luz del día…

¡Aaaay! ¡Duele!

Soy como una rosa…. En invierno.

El sol pesa. Mancilla, quema.

Miro a la gente vigorosa, inquieta, decidida…

¿Qué les han dado durante la noche…???

Me falta sueño.

No cuento las horas de sueño.

Quedo con él a la tarde.

Encantador, atento, delicado… ¡Seré paranoica!

Un día de estos abro un blog de esos…

Desvelada.

La suelta.

Un caso no es representativo.

Esa noche se alinearon los planetas, se pusieron de acuerdo las estrellas, tu punto de soltura era el de antes de “ponerte pesada” y el de después de “llevo un puntito”. De repente en medio del bar con tu amiga del alma, aparece el tío más bueno que hubieras visto en persona, no una estrella de cine, ni maqueado por el Photoshop en una revista. Lo estás viendo con tus propios ojos, podemos decir que lo estás viendo en alta definición, pero dado tu grado de locura de esa noche… todo puede ser subjetivo.

Y ese tío con pinta de no haber roto nunca un plato, con sonrisa picarona y mirada fulminante, te mira. ¡A ti!! ¡Sí, sí, a ti! Porque miras detrás de ti y no hay nadie, salvo la entrada de servicio. Le miras y te señalas interrogándole. ¿es a mí?. Sí, sí, dice con el gesto, desde el fondo de la barra. Sonríe, bebe de su copa y se acerca decidido.

¡Ay! ¡Dios!! Que en realidad no soy tan fiera, ni tengo tanto vocabulario, no soy tan guapa ni tengo medidas de infarto. ¡Me confunde con su prima, fijo! Atacas tu copa a ver si un grado más de alcohol en sangre te resuelve el conflicto. Interiormente sabes que sólo puede agravarlo. La lengua ya está suelta. Si sigues soltándola, no conseguirás dominarla, ni pararla. Siguiente parada: pastosa-ridícula.

El chico de mirada directa, sonrisa irresistible, efectivamente te está preguntando por ti, que qué haces tú por este bar, que no te tiene vista. S.O.S. Esto no es una peli es mi vida y nadie está grabando con cámara oculta… crees. ¡No me sé el guión!!

Le explicas, le cuentas, sigue preguntando y la memoria ya no recuerda las palabras, sí los gestos y esa sensación de volar. De soltura. Tu boca emite coñas que tu cerebro desconoce. Vamos mal.

El tío te pregunta que si te vendrías con él a dar una vuelta, tu cuerpo te dice que si quiere que te secuestre, durante unas horas nadie te extrañará. Te haces de rogar, es lo que toca. Por dentro piensas: “¡ay, nena, que el tipo se nos echa para atrás!”.

y “¿a dónde?” Y “¿porque?” “Mis amigas me buscarán…”

¡Qué excusas más malas! ¡Dios! Si no quisieras nada, ya le habrías echado un moco que el pobrecito hubiera salido volando.

Entonces le ves venir, te acerca esa carita de melocotón, sus ojos se clavan en los tuyos, buscando la vergüenza y la encuentra… ves cómo se inclina y se para a dos dedos de tus morros, te mira y sonríe, dominando la situación el muy cabr…! Te coge con las manos de la barbilla… ¡te quieres derretir!! Y te besa. Despacio. Quedándose con la humedad de tus labios, después con lengua, tan despacio. ¡Dios! ¡Qué tío! ¡¿Dónde estabas desde que naciste!!?? ¡Lo quieres grapar a tu cuerpo!

Acto seguido te coge de la mano y te lleva fuera, dejándote convencer. Le grafías a tu amiga que esto es un bombón y no puedes quedarte… “ciao, ciao! Mañana te cuento!!”

Atropelladamente llegáis a su apartamento, te besa desnudándote, con una mano quita el sujetador (gran prueba a todo tipajo nocturno con entrenamiento en otras damas…), quieres hacer copia de seguridad de todo lo que está pasando, quieres otra vida para volver a vivir esta noche, te dices. Te empuja a la cama, tú medio desnuda, él en calzoncillos, luz tenue, sin música, sin palabras. Se desnuda…

…y… el tipo no es que la tenga pequeña… es que la tiene XS, no sé cómo grafiarlo sin herir sensibilidades. Él sigue, tú has bajado dos enteros. Te dices a ti misma que hagas acopio de toda la bibliografía porno que cayó en tus manos, que el cerebro se ponga a mil, porque es el otro órgano de tu cuerpo, a parte del clítoris, que te puede provocar un orgasmo, no quieres que la noche acabe en fiasco, esto hay que resolverlo.

El chico pone toda la carne en el asador, pone creatividad, tira de películas y de vocabulario. Debe estar examinándose del kama Sutra con tu cuerpo. Tú estás a medias. Después de la sorpresita.

Poquito a poco, lentamente y concienzudamente consigues llegar al orgasmo. Un orgasmo notable. Muy mental, para qué engañarnos. Pero orgasmo. El chico tiene otras cualidades, obvio: sensibilidad, empatía, delicadeza.

Acabas acurrucada en el calor de su abrazo, en la tibieza de su piel. Te preguntas: ¿ha sido sexo? Porque si hay cariño y caballerosidad… no me liga con la palabra sexo!

Siempre habías pensado que el tamaño no importaba, o sí. No lo tenías claro.

Hoy ya sabes: debes seguir investigando. Un caso no es representativo.

Mentalmente.

La Suelta.

¿Qué es el amor?

–          El amor no existe, es una farsa.

–          Sí, debe existir. Si no…  ¿Para qué? ¿A cuento de qué?

–          Todo es mentira, es un montaje. No es duradero, no es verdadero.

–          Me niego, ha de existir. Yo creo, lo he leído, lo he visto. ¡Hasta puedo sentirlo!.

–          ¿Dónde? Dame una prueba, por cada prueba, yo te daré una que te demuestre lo contrario.

–          El amor une, liga, atrae, junta.

–          Eso es deseo, no te confundas.

–          El amor se siente. Lo llevas dentro.

–          También puedes sentir dentro el sexo.

–          El amor es más fuerte, más leal, más firme, más intenso, más “nuestro”. El sexo es el tu+yo.

–          El odio también puede ser intenso.

–          El amor es limpio. No hay intereses. El amor es promesa.

–          No, las promesas son matrimonios, entrevistas de empresa, mítines políticos. Y para limpia el agua clara.

–          El amor es aquello por lo que la gente es capaz de morir.

–          No, eso es la salud.

–          … capaz de matar.

–          Eso es locura.

–          Amor es creer.

–          Eso es religión.

–          Amor es mirarse a los ojos y saber lo que la otra persona está pensando.

–          Eso es complicidad, puedes tenerla con un amigo. “Feeling”.

–          Amor es no tener que decir lo siento.

–          Piensa en una persona que sientas que quieras. ¿nunca le dijiste “lo siento”? ¿por eso dejas de quererla?.

–          Amor es no desear acostarte con otras personas.

–          Eso es ser fiel.

–          Amor es querer el bien de esa persona por encima de cualquier cosa, es perseguir su bienestar, pelear por su felicidad, sentirte bendecida por su sonrisa y saber que tú estás en la causa.

–          …

–          Amor es necesitar la compañía de esa persona.

Sacar tu yo más auténtico a su lado.

Es el pegamento que une los iguales.

Que convierte un uno más uno en un gigante.

Es perder sentido con su ausencia.

El amor te salva. Te eleva.

El amor es abrigo.

–          Sigue…

–          El amor ve los fallos, los reconoce y acepta.

El amor no se oculta, se muestra, emerge, se lee en los ojos.

Se oye en las risas.

El amor no miente, no engaña, no teme, no huye.

Es valiente, sostiene, persevera,

mas nunca desfallece.

El amor es invencible.

Es gigante. Enorme. Transparente.

El amor es mío, es tuyo, es nuestro.

El amor es magia. No se explica. Se siente.

Sentimental.

La suelta.

¡Feliz día de San Valentín!