Las fiestas…

los eventos, los conciertos, las bodas, pero sobre todo las fiestas pretendidamente-fashion donde se palpa más el estar y desencanto de la gente… deberían organizarse en un día tal que ninguna de las que pudieran asistir al evento estuviera o pudiese estar hormonada, depre, de bajón o triste.

Voy a hablar claro: que ninguna de las que fuéramos (a este evento me considero invitada, es guay, cool, pincha 242… no puedo faltar. Y esto se mide por el grado de rabia que te entra al saberte no invitada. Vuelvo al tema que tengo la gran virtud de irme por las ramas). Que ninguna de las asistentes tenga o vaya a tener en el plazo máximo de una semana nuestra amiga del alma la p.regla. Porque el tema cambia…
Tienes marcado en el calendario una fecha en pleno verano. Fiestón. Meses antes estás pensando qué te vas a poner. A quien vas a conocer… el lujo de ser invitada. Zapato plano o de tacón para o por si te arrancas a bailar esos temazos. (Mi oído es de madera así que me es imposible reproducir lo que Dj.242 pincha…)
Y se acerca el mes, semanas antes y entonces una semana antes caes: ese día estarás a puntito a puntito de regla.
Vaya lo que en mi idioma se le dice estar deliciosa: odias hasta la hierba que crece en el jardín. Ya da igual si el vestido te queda como un guante. Si sabes que asiste x… ya qué más da todo. Tú arrastras este nivel de hormonas que ni el Ben Johnson… pareces un Pit Bull en versión femenina. Solo puede hacerte gracia una cosa. Encontrar a otra persona, mujer por supuesto en este caso, que esté igual que tú y aliviar el tema riéndoos vosotras y sólo vosotras de la situación. Pero eso es como encontrar una aguja en un pajar. Si, puedes coger el micro y preguntar… pero pasando de hacer el numerito para esto.
Te plantas en la fiesta vestida de feminidad sexy en estado puro. En tonos azul klein. Tan… evidente: el look lo llevas estudiando meses. Pero con una cara de perro que ¡aix!
Te pides un Gin Tonic 21:30. Y otro 22:00.
Parece que todo se arregla con alcohol… pues no. Se estropea. Pero es tan traicionero que nos hace creer que la curva es recta.
La fiesta lo más. La gente asquerosamente guapa. Sientes un odio visceral hacia todo ser viviente…
Te dices: nena pon la mente en off. Pero esto, estoy empezando a pensar que es genéticamente imposible.
Y te sientas. Y se sienta al lado tuyo una princesita perfectamente cincelada. Buscas el fallo y no lo encuentras. Lo que faltaba.
– Uf. Suspira. Está a punto de venirme la regla y estoy que muerdo…
– Oh! Ya somos dos.
Sonríes.

Lo dicho: en estas fiestas identifiquémonos para agruparnos. Estoy de subidón.- Voy de tranqui.- Estoy que muerdo.- Estoy depre. Y cada uno se acerca al que más le convenga.
Y ojito: no vale con este post decir, asentir o asegurar que la regla nos pone insop… eso sólo tenemos pleno derecho a decirlo o sugerirlo nosotras mismas.
Y tampoco siempre afecta igual a la misma mujer todos los meses…
Era necesario puntualizar. Paso de críticas por malentendidos.

Con sentido del humor.

La suelta

 

En un colegio cualquiera, pequeñito, de un pueblo cálido, la han vuelto a armar. Se montan su propia fiesta. Se la colorean ellos mismos, la cantan, la bailan. La saborean, la disfrutan.

Y yo los miro divertida. Envidiosa.

La fiesta se crea al calor de la gente.

Nadie mira el reloj. Nadie consulta el móvil. No tienen nada más importante entre las manos.

La fiesta se monta con un Te invito. Te esperaba. Qué bien te ha quedado. Eres lo más. Cómo te quiero. No te conocía. Te quiero. No te vayas. Qué idea tuviste. Qué bien cantas. Cómo lo bailas… y siguen…

El niño disfruta el espectáculo, la madre baila con él divertida, niña, infantil.

El padre que pincha la música, la banda montada por ellos. La cena compuesta en las brasas. Lo de menos es el qué. Lo importante es el contexto.  La compañía, hacerlo entre todos. cuantos más seamos…

La alegría en esos niños. Radiantes, felices. Niños de cuarto de primaria ayudando a los de infantil. A levantarse. Secarse, avanzar. Crecer. Aprender.

Cuanta magia.

Los padres les miran embelesados. Ríen. Comparten. Alguno se queja, otro consuela.

Los camareros de nuevo son padres, madres. Con ganas. De marcha, de ayudar, de compartir.

Y se impone la luna, tozuda, presente.

Les trae la noche, se cierra la fiesta. Aunque no a la primera.

 

Mas no consigue llevarse la magia, el sabor a común.

Estoy. Ayudo. Colaboro. Oyente. Poco más.

Que regusto a envidia. A veces la vida divertida hace que nos sepa a dulce, a intenso. Agradeces que en días de junio como este venga la emoción y la armonía a acompañarnos… La alegría y la emoción abrazadas. Qué sabor más agradable.

 

Sospecho que la melancolía se alimenta de momentos así, de tardes como esta, de bailes desacompasados, cantantes improvisados, micros compartidos, esa alegría desbordada de un niño emocionado.

 

A ver si aprendemos a guardarnos estos recuerdos en el mejor rinconcito de nuestra memoria. Para no olvidarlos.

 

 

¡Viva la Festa Major del Tiziana!

¡Viva la Festa Major!