¡Feliz día del padre!

A esos padres que escriben su función con mayúsculas, que se dejan la piel, que trasnochan calmando un llanto, que son refugio de dudas, apoyo de circunstancias adversas, que son cariño y respuesta. Que son.

A esos papas inmensos, que te arropan al llegar la noche, que cuidan de ti y te dan un beso de buenas noches, que te quieren por encima de la duda, detrás del obstáculo y por delante de los beneficios.

A los padres que son padres, presentes, incondicionales. Que su abrazo es un mundo, un regalo, el cielo. Que la distancia no los borra, que siempre hay una llamada. Que puedes no tenerles pero no dejas de sentirles.

Que no te abandonan, que no te dejan. Que responden. Llaman. Acuden. Sin preguntar, sin juzgar.

Que simple y sencillamente sabes que están.

 

Y es curioso que haya padres que no sean padres.

Padres que no ejerzan y aun así sigan siendo padres. Padres ausentes, distantes, indiferentes.

Ellos también son padres. ¿Padres de qué?

Papi de mi dureza. Papi de mi fuerza. Papi. Siempre.

 

Para tantos es difícil imaginar su mundo sin su papá.

Y para algunos es durísimo abrirse camino sin él.

Ausencia elegida. Indiferencia amarga.

 

Y… a veces te imagino…

Te imagino que caminas a mi lado.

Simplemente., que me abrazas, me das la mano.

Entonces me siento niña. Dulce y tuya.

Mas sacudo mi imaginación no permitida con mi dureza aprendida.

 

En un despiste mi melancolía me lleva, la vida me abofetea, el pasado se retuerce y emerge, se viene de golpe en una milésima de segundo, acuden todos los fantasmas olvidados, se abre la puerta del trastero y salen cual brujas a llevarme. A traerme el miedo. Aquel miedo. Pánico. Escalofrío. Su rostro impávido, su semblante gris. Recorriéndome la espalda, atenazándome el alma.

Y corres a cerrar la puerta del trastero. Esa que nunca osas dejar abierta.

Y pasas página. Condición insalvable del guión divertido de tu vida.

Al destino le gusta jugar contigo.

Y en tu caso dejarte sin papi. No pasa nada. La vida sigue.

La vida. Agridulce.

 

¡Feliz Día del padre a todos los que sí saboreáis su cariño, sus risas, sus abrazos, sus logros y sus derrotas. Los que estáis!

Sois un mundo. Su mundo. Tenedlo presente.

 

Dura.

La suelta.

 

¡Gracias, Papi, por nada!

Confieso.

La escritura brota, fluye. Inspira. Expira.

Respiración involuntaria de mi alma.

Y escribo. ¿Para qué escribes?

Escribo para ser leída.

Y tú me lees. Hoy. Quizás mañana.

Tu lectura me acaricia.

Y vuelvo a escribir para, en un descuido, ser leída.

Con tu mirada ser acariciada.

Qué osadía. La mía.

¡Qué avaricia!

 

Escribo de ella, de mí, de nosotras. Tal vez de ti.

Y en tu lectura te detienes, te ríes, te descubro, me desnudo.

Y vuelvo a escribir.

Para no ser descubierta. O quizás sí.

Entonces aparezco y te sientes identificada.

Te leo el pensamiento.

Me meto en tu piel. Ese momento…

Con mis prosas, mis metáforas.

En mí, en ti. En nosotras.

Te gusta lo que lees.

Qué soberbia la mía: al gustarme ser leída.

Qué interesante la mujer:

Laberinto imposible.

Jeroglífico indescifrable.

Exuberancia en colores.

Orgullo infinito.

Montaña rusa de emoción.

Con mi torpe osadía.

Mi humilde escritura.

Vuestra curiosa lectura.

Delicada caricia de mi ego.

 

Gracias por recorrer mis letras, por sumergiros en estos escritos.

Modestas caricaturas.

Vanidosa humanidad la mía.

 

Desnuda

La suelta

 

¡Chicas, chicos!

me despido así de vosotros, hasta Septiembre, prometo traeros nuevos escritos, la segunda parte del tren, volveré sedienta de escritos, de contaros, de encontrarnos, con renovadas ganas. Con nuevas historias o los miedos de siempre. Alegre pero a ratos cabreada. Eufórica o triste.

Esta “primera temporada” de La Suelta ha sido reconfortante, satisfactoria, intensa. Ha sido mi escondrijo, mi máscara, mi tubo de escape. Así que volveré. Porque ya somos un puñado de Sueltos/as que nos encontramos aquí cada semana. Rico.

Un reto: que cada uno de vosotras/os  traigáis un nuevo seguidor al blog… duplicando Las Sueltas que andan por el mundo sin saberlo. Para encontrarnos.

Disfrutad el verano, saboread el sol. Alargad los días. Bebed a porrón…

¡Nos leemos en Septiembre!