Sabroso despertar.

Se oyen allí fuera las últimas gotas de lluvia, las que cierran la noche y descorren el alba. Lloran en la ventana. Se acerca el viernes.

Se anticipa la luz, caen los minutos, se acerca el sonido del despertador, apenas 30minutos, me giro y le busco, ronroneo, me hago un ovillo, le molesto y consigo despertarle, gruñe, se acurruca, cariñoso me mete su mano debajo de la tela, recorre mi piel que se eriza y se alegra de encontrarle a esas horas. Tibio, suave, delicado, mío.

Algo se acelera, el ritmo, la causa, la cercanía de la agenda laboral. Me besa, se despierta, se acelera al ritmo, busco su boca, su lengua.

En un cálculo rápido del tiempo y de las posibilidades que nos brindan las hormonas y esos últimos 30 minutos de “noche”, de cama…

Caen los pijamas al suelo, el edredón aún nos cubre, el alba se acerca. El sol despunta.

Él se sumerge entre el edredón y mi cuerpo, bucea y baja… y baja… mmm.

Yo no he abierto ni los ojos.  Pero mi cuerpo está despierto, diría que deseoso. Hasta se me antoja hambriento. Qué delicia el tenerte…

En un gesto de sana curiosidad, aparto el edredón, levanto mi cabeza y miro:

Se ha adentrado en ese pequeño gran universo que esconden mis dos piernas, que abrazan mis ingles, que se intuye pero no se abarca.

Ha metido su cabeza entre mis piernas, masajea mi clítoris con su lengua, de manera aventajada, sabia, sin dudar. Cambia de ritmo. Suaviza. Se separa, me mira rabioso y voraz.

Con su dedo índice me toca la esquina de mis labios, los inferiores, mientras me mira.

Yo subo, subo y subo. Sigo subiendo. Irremediablemente.

Se para. Y me indigno, suplico, pido: ¡más! ¡No pares ahora!

Sonríe. Lo sabía. Pone sus manos en mis rodillas y acaricia mis muslos, se acerca a mi entrepierna. Vuelve a lamerme, chuparme, elevarme. Sin dejar de hacerlo mete un dedo con la yema hacia arriba, lo mete hasta el fondo y presiona, acaricia, a la vez que su lengua baila con mi clítoris. Puro éxtasis.

Subo y subo. Y sigo subiendo.

Me levanta, me sostiene, me mueve, me oye jadear.

Y en ese mismo punto de placer sublime, acelera, cambia el ritmo, cual baile ardiente, rítmico y armónico y sin parar ni un instante, consigue que me alcance el orgasmo en mayúsculas, intenso, largo, profundo. Me recorre el cuerpo se arquea mi espalda. Me sacude.

Se separa, dejándome el dedo. Me sonríe y me besa en la tripa. Lentamente saca el dedo, cuidadoso, sensible, delicado.  Ni me muevo, apenas una sonrisa, aspiro, expiro. Me tapa. Me besa. Me deja. Se aleja.

Silencio. Sueño profundo. ¿Qué más pedirle al amanecer?

Dormida.

La suelta.

¡Buenos días de Viernes!

Queridos Reyes Magos de Oriente.

Os escribo mi carta de reyes ya digo que sin ninguna esperanza…

Pero si ni la escribo. Siempre podréis decir que no os lo pedí.

Y a mí me cuesta un suspiro escribir.

 

Os adelanto que intenté portarme todo lo bien que la teoría me decía…

Pero llevarlo a la práctica se me ha hecho directamente imposible.

Intenté enfadarme menos, es mi punto negativo. Lo confieso.

Intenté no gritar, que no se me llevaran los demonios, intenté dejar el tabaco, adelgazar algo, ponerme en forma, aprender algo. Todo fueron meros pensamientos.

Quizás intentos el 1 de enero. Pero he acabado el año catalogada como mala-mujer.

Pues no he logrado acostarme sólo con conocidos, amigos o alguien con nombre.

El término “desconocido” me pone.

Otra confesión.

Pero para que no sea esto un confesionario

¡¡Voy al grano!!

 

Voy a concentrar mis energías, y las vuestras, en ello:

os pido una relación seria, formal, educada.

Con un hombre que me inspire, me enamore, me reconforte.

Me suba y me haga sentir bien. Que con él sea mi versión más auténtica. Más pura.

Que me entienda, que no intente resolver mis conflictos, problemas en los que me meto yo solita. Sólo que sepa escucharme.

Que me deje solita cuando necesite.

Que domine mi carácter. Sin sentirme sumisa.

Saber que soy su todo independientemente del resto.

Que me haga reír, como no río con otros. Reírme de todo hasta de mi misma. Vital.

Que en sus besos me funda y en la esquina de un suspiro me deshaga.

Pero sobre todo: que no me aburra con egocentrismos desmedidos. Que el “yo he hecho, yo soy. Yo...” Me cansa, no puedo evitarlo.

¿Seré mala?

 

Quiero un hombre entero. Y para eso deberá entenderme…

Y como Reyes Magos, muy magos pero hombres, al fin y al cabo, que sois.

(No se lea esto como una misandria encubierta. ¡¡Nada de eso!!)

Os voy a transcribir en poquitas palabras que significa eso…

 

Quiero un hombre que sea suficientemente bueno para llevarme al altar, pero sabrosamente golfo como para dominarme en la cama.

 

¿es tan difícil mi deseo?

 

Quizás debería habéroslo pedido antes. Para que os diera tiempo a buscarlo.

O tal vez, probablemente, en realidad no quiero que lo encontréis.

Por algo soy La Suelta.

 

Dispuesta.

 

La Suelta.

Se había puesto verde…

Habéis quedado para cenar. Para tomar algo en un coqueto bar del centro. Las luces de la noche empiezan a encenderse. Es ese punto del día en que el atardecer cede paso a la noche. Le pasa el testigo. Se reparten la luz. El color tenue del cielo se salpica de curiosas farolas.

Y aparece él… descamisado, con su pelo largo, mojado, olor a limpio, tez tostada, barba de dos días, se acerca con ímpetu te besa lentamente en la esquina de tu boca. Despacio. Te mira a los ojos:
-¡Cuánto tiempo! ¡Qué ganas tenía de verte! ¡Estás igual… tremenda! -te sonrojas y lo sabes, miras al suelo, ¿por qué los golfos nunca dejan de serlo?-
– Gracias. –qué tímida, hasta lo pareces.

El atardecer desliza y cae, se abre la noche, se cierra la cena. Has venido caminando, él ha venido en coche. Y deja caer: “si quieres te acerco”. “vale” se te cae, impaciente.

En el coche se apagan las risas, invade el silencio y rompe una risa tonta.

Él te mira, sonríe. Deseas. Y él lo intuye.

Acerca su mano a tu rodilla, la abraza, la coge y baja la mano decidido sin titubeos hacia tu ingle. Autoritario. Sensible. Tú le sonríes, traviesa, gamberra. Te lee y lo sabes.

¡Cuánto dicen dos miradas! ¡Que no pueden decir las palabras!

Te hurga con la mano por debajo de tu falda, con la punta de sus dedos se desliza debajo de tus braguitas, indaga y baja entre las ingles y baja… encuentra tu sexo, húmedo, caliente, dispuesto. Toca con autoridad, con ganas, con deseo, con ansia.
Tu educación te dicta cerrar las piernas, te dice que aquello está mal, que saque la mano, que pare, no siga.
Tu instinto animal te pide abrir las piernas, cogerle tú la mano, bajársela, asirla y no soltarla.
Sus dedos apretan. Sus ojos te miran de soslayo entre la conducción. Está serio, con el ceño fruncido. Busca tu placer.
No ceja con sus dedos. La corriente de placer recorre tus piernas. Arquea tu espalda. Miras al techo. Cierras los ojos. Te vence el éxtasis. Cual lava brota de ti. Te eleva. Sus dedos no han parado ni un instante. Te apreta con fuerza. Los introduce. Te contraes. No eres.

Inmenso. Divino.

Lo miras incrédula. No aciertas a pronunciar una letra. Sonríe. Cariñoso y sexy.
Semáforo en rojo. Se acerca a ti, te besa en la frente. Te acaricia la cara. Se queda mirándote como si hubiera sido él… embelesado.
Os pitan: se había puesto verde.

Traviesa.

La suelta.

Las fiestas…

los eventos, los conciertos, las bodas, pero sobre todo las fiestas pretendidamente-fashion donde se palpa más el estar y desencanto de la gente… deberían organizarse en un día tal que ninguna de las que pudieran asistir al evento estuviera o pudiese estar hormonada, depre, de bajón o triste.

Voy a hablar claro: que ninguna de las que fuéramos (a este evento me considero invitada, es guay, cool, pincha 242… no puedo faltar. Y esto se mide por el grado de rabia que te entra al saberte no invitada. Vuelvo al tema que tengo la gran virtud de irme por las ramas). Que ninguna de las asistentes tenga o vaya a tener en el plazo máximo de una semana nuestra amiga del alma la p.regla. Porque el tema cambia…
Tienes marcado en el calendario una fecha en pleno verano. Fiestón. Meses antes estás pensando qué te vas a poner. A quien vas a conocer… el lujo de ser invitada. Zapato plano o de tacón para o por si te arrancas a bailar esos temazos. (Mi oído es de madera así que me es imposible reproducir lo que Dj.242 pincha…)
Y se acerca el mes, semanas antes y entonces una semana antes caes: ese día estarás a puntito a puntito de regla.
Vaya lo que en mi idioma se le dice estar deliciosa: odias hasta la hierba que crece en el jardín. Ya da igual si el vestido te queda como un guante. Si sabes que asiste x… ya qué más da todo. Tú arrastras este nivel de hormonas que ni el Ben Johnson… pareces un Pit Bull en versión femenina. Solo puede hacerte gracia una cosa. Encontrar a otra persona, mujer por supuesto en este caso, que esté igual que tú y aliviar el tema riéndoos vosotras y sólo vosotras de la situación. Pero eso es como encontrar una aguja en un pajar. Si, puedes coger el micro y preguntar… pero pasando de hacer el numerito para esto.
Te plantas en la fiesta vestida de feminidad sexy en estado puro. En tonos azul klein. Tan… evidente: el look lo llevas estudiando meses. Pero con una cara de perro que ¡aix!
Te pides un Gin Tonic 21:30. Y otro 22:00.
Parece que todo se arregla con alcohol… pues no. Se estropea. Pero es tan traicionero que nos hace creer que la curva es recta.
La fiesta lo más. La gente asquerosamente guapa. Sientes un odio visceral hacia todo ser viviente…
Te dices: nena pon la mente en off. Pero esto, estoy empezando a pensar que es genéticamente imposible.
Y te sientas. Y se sienta al lado tuyo una princesita perfectamente cincelada. Buscas el fallo y no lo encuentras. Lo que faltaba.
– Uf. Suspira. Está a punto de venirme la regla y estoy que muerdo…
– Oh! Ya somos dos.
Sonríes.

Lo dicho: en estas fiestas identifiquémonos para agruparnos. Estoy de subidón.- Voy de tranqui.- Estoy que muerdo.- Estoy depre. Y cada uno se acerca al que más le convenga.
Y ojito: no vale con este post decir, asentir o asegurar que la regla nos pone insop… eso sólo tenemos pleno derecho a decirlo o sugerirlo nosotras mismas.
Y tampoco siempre afecta igual a la misma mujer todos los meses…
Era necesario puntualizar. Paso de críticas por malentendidos.

Con sentido del humor.

La suelta

 

Eres lo más…

La canción de salsa de Marc Anthony inunda la discoteca, tú sabes moverte como los ángeles, contoneas la cintura, bailas las piernas en perfecta sintonía, se mueven los pies en ese canto sensual y tu culito sigue el ritmo extraordinariamente, controlas tus pechos y los mueves en círculos. La salsa inunda tu cuerpo, te mueves casi tan bien como tu profesora de aeróbic, sabes que estás haciendo los mismos movimientos, controlas, lo llevas en la sangre, en tu cuerpo, en los genes. La música posee tus músculos y tú te dejas llevar.

Desde el fondo de la discoteca se acerca el mismísimo Rubén Cortada, moviéndose salsón, mirándote sugerente. Te está desnudando con la mirada. Y tú, interiormente, te dejas. Como baila este tipo, te puede. Te deshaces. Pero le sigues el rollo y sigue acercándose, se queda a un metro mirándote. Bailáis a la vez. Un mambo, una vuelta, un meneíto de culo. Los brazos al aire. Te sale divino. Eres la mismísima. Lo más. Y la música te moja, te colorea. Te dejas llevar. Se acerca peligroso, se pone a un palmo de tu cara. Te mira guasón. Se acerca… Bailas en el mismo centímetro cuadrado. Esperándolo. Se sonríe infinitamente sexy. Te coge de las manos y bailáis una juntos. Como si lo hubierais hecho toda la vida. Como si la salsa la hubieran creado para vosotros. Levitas. Vuelas. Te elevas. Él te gira, te pone de espaldas. Movéis el culo en el mismo círculo paralelo. Mismo ritmo. Te pone la mano en el hombro, la baja por debajo de tu blusa, la desliza entre el sostén y tu piel erizada. Le notas. Seguís bailando. Él será Rubén Cortada, pero tú te sientes la mismísima Jennifer López… como mínimo. Y en un cambio de ritmo de la canción te gira poniéndote de frente, te mira. Te reta. En realidad lo deseas: deseas que se acerque y te bese, te coja de la mano y te lleve, a su casa, al coche, a la esquina. Pero que te lleve. Te sientes húmeda. Pero sigues bailando. Te separas y bailas para él. Te contoneas… se da cuenta. Tonto no es. Te coge de la mano y te lleva. Te saca de la discoteca.

Se oye un perro. ¡GUAU! ¡GUAU! … ¡GUAU! ¡GUAU! ¿Un perro? Parece el perro de mi vecino… ¡es el perro de mi vecino!

Entonces despiertas, te das cuenta que estabas soñando y estabas a puntito de irte a la cama con el mismísimo Ruben Cortada, me cago en tooo lo que se menea… voy a intentar volver a dormir a ver si recupero un cachito del Cortada… ¡GUAU! ¡GUAU! Me sigo cagando en tooo… ¡aaaaix! Mira que es pequeño el perro… me giro, me tapo con el cojín. Nada. Rubén Cortada ha desaparecido. No hay salsa. Vuelvo a ser el cuerpo palo que no sabe mover los pectorales independientes de su cuerpo, ni mover el culito en el plano horizontal como si fuera fácil. Vuelvo a ser La Suelta. Es lo que hay. Y mi profesora de aeróbic vuelve a saber más que yo…

Resignada, te das la vuelta en la cama. Aquella que compartes desde hace mil años con tu cari, tu bollito, tu amor, tu nene. Te preguntas si soñar al límite con el Ruben Cortada será infidelidad…

Te giras bajo la colcha y un brazo pesado y dormido cae sobre ti. Baja a tu entrepierna. Con bravura, honestidad. Ni rastro de las letras d.e.l.i.c.a.d.e.z.a

Se escucha un pedo.

Y a continuación un crudo y honesto: “reina, estoy muy cachondo…”

La sensualidad y erotismo que rezumabas en la discoteca con Ruben Cortada se esfuman como la niebla al salir el sol.

Desaparecen. No queda nada.

Y es que la sensualidad y la realidad a veces parecen llevarse fatal…

Pretendes buscar una continuación suave, dulce, delicada. Pero con semejante comienzo son brutales las posibilidades. Sospechas que nada sútiles.

 

Infiel… en sueños.

La suelta.

Hoy me emborracho

Has tenido un día horrible de trabajo, el día no acababa nunca, lo que habías hecho no servía para nada ni para nadie(que es diferente) el cielo sigue gris, aunque no haya ni una nubecita, quieres desaparecer de la faz de la tierra.

Viernes, 19.30h.  llegas a casa y le sueltas a tu novio nada más verle: ¡hoy me emborracho!. Nunca es la solución, pero sí la salida de emergencia.

Y él contesta: yo me apunto.

Vaya, resulta que vivías con un alcohólico y tú sin saberlo. Pues venga: Llamas a otra pareja, montas un plan P.R. Pizzas Rápidas y a beber se ha dicho, empezáis en casa, con las primeras birritas os sacudís la tensión cervical que te produce el jefe, con las segundas birritas empiezas a despotricar de tu compañera de oficina, aquella que lo sabe todo pero no hace nada. Si trabajara e hiciera todo lo que dice que sabe hacer, se acababa como mínimo el hambre en el mundo. Ya no quedan pizzas, ni compañeras que despellejar, ni birras… queda la calle. Son las 22.30.

En el bar del barrio habéis quedado con unos amigos del grupo, uno de ellos homosexual, el cual es un encanto, de día y de noche, en cualquier momento y situación, le adoras. Pero son las 22.45 y ya vais en ese puntito inmejorable, donde todo te parece genial, cualquier plan es el mejor del mundo y te sientes grandiosa, elevada, tremenda, gigante. ¡Hoy vas a merendarte el mundo! Y te pasas al cubata, hoy no pasa nada si mezclamos y no pasa nada si nos dan garrafón y menos pasa si tu novio no lleva un punto lleva un puntazo y le toca en gesto de afecto, aprecio, colegueo el culo a tu amigo homosexual, todo es guay. El camarero te parece tu amigo del alma, guasón y simpático. Le invitarías a comer a tu casa ¡guapos todos!

Sientes que tu puntito se ha convertido en punto cebollón, ese en que no acabas de conseguir pronunciar las palabras que acuden en tropel a tu cabeza, a tu lengua no le da tiempo a pronunciarlas, joder, qué velocidad el cerebro, levantas la mano, pidiendo al otro borracho que te escucha que se espere, la música está tan alta que es imposible físicamente que la onda del sonido de tu palabra llegue a su oído con una capacidad de audición ínfima a la profundidad del tema. Y las palabras siguen acudiendo a tu lengua.

Y tú: “te decía que, creo que eres ese amigo que siempre he querido tener, porque la vida es inconmensurable… y eso…” por el rabillo del ojo tu novio le da un beso en la mejilla a tu amigo homosexual, tu puntito hace raaato que paso a la siguiente estación y te das cuenta en ese preciso momento que en toda la noche, no te ha hecho p.caso, que no eres tú quien para que pasen de ti. Te levantas sin mediar palabra y dejas a tu amigo del alma con la palabra en la boca, con el sonido de tus balbuceos en su oreja o procesándolas en su cerebelo inundado.

Siguiente imagen: tú histérica cantándole las cuarenta, tu novio con cara de no entender qué había hecho mal, sin saber qué hacer, tambaleándose sobre su eje vertical y siguiéndote a la salida del bar llevando tu chaqueta en la mano.

Es curioso: los pedos pedísimos nunca tienen frío. En pleno invierno y podemos ir todas descocadas, con taconazos, medias finas y el abrigo en ese momento “no es necesario”. Perdonad la curiosidad.

Lo que quieres es una explicación, pero tu novio no está borracho, está… lo siguiente. Y te sigue en modo serpiente=arrastrándose y haciendo S’s. Tú delante airosa, cabreada como una mona, orgullosa, tropezándote con los bordes de las aceras, pero muuuuy enfadada.

Llegáis a casa deja tu chaqueta en la silla pero la vertical de la chaqueta coincide con el suelo. Va al baño a “hacer un pipi interminable” y… (piensas: vendrá a hablar conmigo) tú estás arrebujada en el sofá esperando el consuelo del hombre que la ha cagado mucho.

Piensas: no recuerdas porqué te enfadaste, te duele mucho la cabeza, el sofá está duro y sólo son la 1.40!! Esto ha sido una borrachera express. Y ves cómo del baño, sin atisbo de duda, se lanza en horizontal en la cama, vestido, sobado y k.o. absoluto. Pasa de ti.  La cabeza te da vueltas.

Y te quedas pensando ¿qué puedes hacer? Vas hacia la habitación, abres la puerta con estruendo innecesario, coges la colcha y le espetas: yo no puedo dormir aquí: ¡¡con un borracho!!! Y te largas tooooda tu, orgullo irracional al sofá, a ese tan duro y fashion del salón… y porqué no decirlo: ebria.

No consigues pegar ojo en toda la noche.

6.15. abre la puerta de la habitación y viene al salón, te ve despierta y con los ojos como platos te pregunta:

– ¿qué haces aquí, princesa? ¿Cómo es que no has dormido conmigo?.

– No sé muy bien porqué…

– ¿Vienes a la cama conmigo?

– Sí. He dormido muy mal.

Os acurrucáis en la cama y te preguntas quién te mandó beber ayer, mezclar y volver a beber. ¡Dios! ¡Qué dolor de cabeza!.

Buen comienzo de finde: resacosa, habiéndote enfadado sin conocer cierto el motivo, durmiendo en un sofá duro-duro pero fashion, cabreo de pareja. Se puede empezar mejor pero es difícil.

¡Qué duro sienta ser orgullosa!

Resacosa

La Suelta

 

Un caso no es representativo.

Esa noche se alinearon los planetas, se pusieron de acuerdo las estrellas, tu punto de soltura era el de antes de “ponerte pesada” y el de después de “llevo un puntito”. De repente en medio del bar con tu amiga del alma, aparece el tío más bueno que hubieras visto en persona, no una estrella de cine, ni maqueado por el Photoshop en una revista. Lo estás viendo con tus propios ojos, podemos decir que lo estás viendo en alta definición, pero dado tu grado de locura de esa noche… todo puede ser subjetivo.

Y ese tío con pinta de no haber roto nunca un plato, con sonrisa picarona y mirada fulminante, te mira. ¡A ti!! ¡Sí, sí, a ti! Porque miras detrás de ti y no hay nadie, salvo la entrada de servicio. Le miras y te señalas interrogándole. ¿es a mí?. Sí, sí, dice con el gesto, desde el fondo de la barra. Sonríe, bebe de su copa y se acerca decidido.

¡Ay! ¡Dios!! Que en realidad no soy tan fiera, ni tengo tanto vocabulario, no soy tan guapa ni tengo medidas de infarto. ¡Me confunde con su prima, fijo! Atacas tu copa a ver si un grado más de alcohol en sangre te resuelve el conflicto. Interiormente sabes que sólo puede agravarlo. La lengua ya está suelta. Si sigues soltándola, no conseguirás dominarla, ni pararla. Siguiente parada: pastosa-ridícula.

El chico de mirada directa, sonrisa irresistible, efectivamente te está preguntando por ti, que qué haces tú por este bar, que no te tiene vista. S.O.S. Esto no es una peli es mi vida y nadie está grabando con cámara oculta… crees. ¡No me sé el guión!!

Le explicas, le cuentas, sigue preguntando y la memoria ya no recuerda las palabras, sí los gestos y esa sensación de volar. De soltura. Tu boca emite coñas que tu cerebro desconoce. Vamos mal.

El tío te pregunta que si te vendrías con él a dar una vuelta, tu cuerpo te dice que si quiere que te secuestre, durante unas horas nadie te extrañará. Te haces de rogar, es lo que toca. Por dentro piensas: “¡ay, nena, que el tipo se nos echa para atrás!”.

y “¿a dónde?” Y “¿porque?” “Mis amigas me buscarán…”

¡Qué excusas más malas! ¡Dios! Si no quisieras nada, ya le habrías echado un moco que el pobrecito hubiera salido volando.

Entonces le ves venir, te acerca esa carita de melocotón, sus ojos se clavan en los tuyos, buscando la vergüenza y la encuentra… ves cómo se inclina y se para a dos dedos de tus morros, te mira y sonríe, dominando la situación el muy cabr…! Te coge con las manos de la barbilla… ¡te quieres derretir!! Y te besa. Despacio. Quedándose con la humedad de tus labios, después con lengua, tan despacio. ¡Dios! ¡Qué tío! ¡¿Dónde estabas desde que naciste!!?? ¡Lo quieres grapar a tu cuerpo!

Acto seguido te coge de la mano y te lleva fuera, dejándote convencer. Le grafías a tu amiga que esto es un bombón y no puedes quedarte… “ciao, ciao! Mañana te cuento!!”

Atropelladamente llegáis a su apartamento, te besa desnudándote, con una mano quita el sujetador (gran prueba a todo tipajo nocturno con entrenamiento en otras damas…), quieres hacer copia de seguridad de todo lo que está pasando, quieres otra vida para volver a vivir esta noche, te dices. Te empuja a la cama, tú medio desnuda, él en calzoncillos, luz tenue, sin música, sin palabras. Se desnuda…

…y… el tipo no es que la tenga pequeña… es que la tiene XS, no sé cómo grafiarlo sin herir sensibilidades. Él sigue, tú has bajado dos enteros. Te dices a ti misma que hagas acopio de toda la bibliografía porno que cayó en tus manos, que el cerebro se ponga a mil, porque es el otro órgano de tu cuerpo, a parte del clítoris, que te puede provocar un orgasmo, no quieres que la noche acabe en fiasco, esto hay que resolverlo.

El chico pone toda la carne en el asador, pone creatividad, tira de películas y de vocabulario. Debe estar examinándose del kama Sutra con tu cuerpo. Tú estás a medias. Después de la sorpresita.

Poquito a poco, lentamente y concienzudamente consigues llegar al orgasmo. Un orgasmo notable. Muy mental, para qué engañarnos. Pero orgasmo. El chico tiene otras cualidades, obvio: sensibilidad, empatía, delicadeza.

Acabas acurrucada en el calor de su abrazo, en la tibieza de su piel. Te preguntas: ¿ha sido sexo? Porque si hay cariño y caballerosidad… no me liga con la palabra sexo!

Siempre habías pensado que el tamaño no importaba, o sí. No lo tenías claro.

Hoy ya sabes: debes seguir investigando. Un caso no es representativo.

Mentalmente.

La Suelta.