50 sombras… a secas.

Me planto en el cine a ver la archiconocida y publicitada mundialmente 50 sombras de Grey. Y hay algo que, definitivamente, no entiendo: que el nuevo ídolo sexual tenga un ojo más grande que el otro, que tenga la boca rara, de pajarito, y que pienses que no te pone…. ¿Esto es normal? ¿No había más tíos buenos en el mundo? La directora de casting estaba muy mal. Creo.

Voy a verla, simplemente porque hay que verla. Ver de qué habla la gente. El libro no he podido leerlo: imposible superar la página 50. Infumable. Pero hay que verla.

Pero que en toda la película haya dos frases buenas, dos y localizadas. Después os las cito a las que no hayáis visto la película y así os ahorráis el esfuerzo, los 7€ de cine y la vergüenza ajena de ver tal cúmulo de idioteces y artificialidades. De prejuicios para nuestras chicas vírgenes. Y al fin y al cabo tal grado de tontería en una película que pretende ser la versión cinematográfica del libro porno de culto por excelencia y a lo máximo que llega es a bajarle las bragas. No, creo que no me cuela. No acepto a Grey como chico cañón, me quedo con el Mickey Rourke de 9 semanas y media.

Hay algo malentendido. Será la censura. El afán de recaudación o una campaña de marketing brutal. Pero no me puedes poner a un tío que no soporta su cara un primer plano. Que no sabes qué ojo mirar y que no hay química entre sus personajes. No hay diálogo, historia, no hay argumento. No hay nada. Bueno sí: una inmensa colección de inservibles látigos.

Yo no sabía muchas cosas del sexo, me declaro una ignorante. No sabía que debía coger un helicóptero para ponerme cachonda, no sabía que me tenían que llevar en ultraligero ni firmar un contrato sin luz. Porque el momento en que firman el contrato no hay luz. No deben poder leer ni una letra. Pero eso sí: con copa de cava. Imprescindible para la firma de cualquier contrato. Absurdo. Claro. Todo: la copa +la falta de luz + intento de revisión de puntos de contrato. Todo.

Por otra parte propaganda a saco del sado, el maltrato. La habitación roja… pero ella no parece sufrir hasta cuando lo pide, después se enfada y se larga, sin dejarle a él ni darle un beso. Actitud de niñata. Tú lo has pedido. Pues ahora te quedas y le haces algo…. Nada. ¿Esto es porno? En todas las escenas, mucha esposa, corbata y más tonterías, pero no sufre. En una quizás, tal vez, probablemente, a lo mejor, se le eriza la piel, pero si usas un hielo y te tapan los ojos. Vamos que es de cajón que algo te retuerzas o te cagues en su puta madre.

La única parte realista de toda la película es que me pareció que en algún momento se ponía un condón… que muchos Greys actuales ni eso. Me parece correcto y oportuno. Pero eso es un tema que a muchas las desentona. Así que en una película que no paran de montar prejuicio encima de prejuicio éste se lo podían ahorrar.

El vestuario de la chica deja un poquito que desear. Vamos que esos zapatos… esas camisas de florecitas… no te diré que te enfundes un mono animal print. Ni ir todo el rato con tacón de aguja, pero entre que la pintan vírgen, sumisa y tonta. Sólo sabe morderse el labio inferior (a partir de ahora veré a muchas chiquillas mirando al chico que les mola mordiéndose el labio inferior… ellos no entenderán una mierda y ellas se sentirán erróneamente enormes. Bien). Es su manera tímida y comedida de decirle a Grey que la está… inquietanto. Diría poniendo cachonda, pero es que en la película no usan estos términos. De hecho no usan ningún término. Porque por no haber no hay ni diálogo.

Y la escena que me parte en dos es cuando se la tumba encima de las piernas y le da cuatro azotes en el culo, “¡¡porque ha sido mala!!”, le suelta!!. Vamos que mi chico me da cuatro azotes en el culo porque me he portado mal y del guantazo que le planto en la cara le dejo los cinco dedos marcados. Y de cachonda nada. Más bien me pondría de una mala hostia que para qué!

En fin que salimos del cine echando humo, yo riéndome a carcajada limpia y pensando que tal vez deberé pintar mi habitación de rojo… pero sólo de pensarlo… ¡¡qué estrés!!!

¡Ah! No me acordaba de citaros las dos frases buenas de la película, al inicio de todo cuando ella parece querer saber de él. Él le dice: “no soy bueno para ti, aléjate de mí”

Vamos que es la mejor frase para que no se te desenganche la chica de tu culo, será tu espía, tu sombra. Ahí consigue su propósito: que ella se muerda el labio inferior.

Y la otra frase medio buena es: “pero qué me has hecho, yo no hago esto con ninguna mujer.”

Ahí le has dado, porque pensar que eres diferente, única, que consigues algo más que toooodas las anteriores. Esto pone. Directamente. Más que cualquier látigo.

Espero con este post. Que una de vosotras, sólo una, consiga repensarse el ir al cine a ver esta pantomima de lo  que es el apetito sexual, la líbido, de una historia de química y de atracción entre dos personas. Porque eso no te lo da un helicóptero, una copa de cava, ni un piano. Te lo da la mirada, la complicidad, el amante, que te lean el pensamiento. El apetito sexual es hambre. Son ganas. Y eso no se fabrica. Existe o no existe. Ni se crea ni se destruye. Se transforma. Y depende de la composición de dos personas. Así de simple.

Pero crear estereotipos absurdos me parece una manipulación a gran escala. Y el sentirse sometida, dominada, está guay. Puede poner. Pero dentro de unas formas. De un permitir. De un juego. Pero siempre con contenido. Me parece hueca la historia, vacía, sin contenido.

Simplemente.

 

Alucinada.

La Suelta.