MALTRATO: una forma de amar.

Puede parecer retorcido, obsceno, perverso… y lo es.

Pero el maltratador no piensa que lo es.

Él no se concibe a si mismo malo, cruel o hiriente.

El cree que cuida, protege, ama.

Él quiere pero mal.

(Digo ÉL pero podría decir ELLA, el maltrato tampoco tiene género)

 

Dicen que el amor tiene muchas formas, pues para mi, digo para mi, no digo que este Post sea una verdad universal, es una lectura más de todas las que existen en estos mundos de Dios.

 

Pues para mi el amor tiene una forma que duele, que oprime, que ahoga.

Y le llamo amor para explicarlo.

Porque en realidad hay amor del bueno y amor del malo.

Amor del que suma, alegra, cuida, sustenta, subraya.

Y amor del que oprime, somete, desprecia, maltrata.

Porque trata, pero mal.

 

El maltrato tiene dos formas, dos apariencias, dos sabores.

Una es dulce, es tierna, sabe a miel, es caramelo, te abraza, te mima, te lleva y te sube. Te engancha. La otra, sin previo aviso, siempre culpa tuya, pequeñ@, es feroz, hiriente, amarga, cruel, tóxica. Te señala como culpable, te ignora, te hace el vacío, te desprecia, te subestima.

Y tu, culpable de todo esta tragicomedia te sientes responsable de haberte llevado por delante todo.

Y quieres, ansías, pides la cara A.

Volviendo a someterte.

 

Y por favor olvidaros del cromo usado del maltratador Alfa que somete a la chiquilla indefensa.

Este es uno más de los muchos cromos de maltrato que hay en este puto mundo.

Poned en vuestra mano el cromo de la madre insegura, envidiosa, egocéntrica que hace sentir a su hija inteligente, guapa y valiente una simple colilla. Esto también es maltrato. Y es amor.

Esa madre quiere a su hija (pero la quiere mal) pues la maltrata. La hija se deja, porque se siente culpable, responsable. Tampoco es consciente, pues no ha salido fuera, sólo está dentro. Y esa hija necesita a su madre… hasta que decida no necesitarla. Y decida salirse de ahí.

 

Y os puedo dar más cromos. Porque de víctimas hay de todos los tipos. Y nunca se sienten víctimas, sino culpables, responsables.  

Porque el maltrato no es maltrato todo el rato, en todo momento va cambiando de cara. Y el maltratador nunca se concibe así.

Ni la víctima, víctima.

Pasando a ser todo un alquitrán dulce, del que cuesta horrores zafarse, alejarse, librarse.

 

Pero leerlo de esta manera puede ayudar.

Quererte a ti mismo es una forma de librarte.

Poniéndote por delante. No por detrás.

Leerlo de otra manera es un camino hacia adelante.

Patalear, protestar y permitirle llamarte mal@. Otra.

Porque a la víctima le importa tanto la lectura que el maltratador haga de ella que no encuentra la salida.

Ese amor es su sustento. Su soga.

 

Para ti que lees esto desde fuera te será muy fácil juzgar, opinar, ver la salida. Cuidado con lo que dices, hay víctimas que te estarán leyendo.

 

Pero desde dentro sólo hay alquitrán, pegamento, falta el aire.

Es como si te dieran miel con una soga al cuello.

Tu cuidador te la oprime cuando “te portas mal”.

Y la víctima se siente responsable de todo lo que sucede.

Las lecturas que aportan son importantes.

Los amigos que suman son vitales.

El amor del bueno se selecciona y necesita.

El amor del malo se debe alejar y si no puedes sacarlo como mínimo localizarlo, detectarlo.

Y te diré una cosa: puedes ignorarle e irte.

Puedes.

Porque la única lectura que te debe importar de ti mism@ es la tuya.

La única.

Porque vales un mundo.

Porque puedes empezar por quererte tu a ti mism@.

Y puedes pensar que aquello era amor, pero del malo.

 

Hay personas a las que queremos con toda nuestra alma que mejor que no estén en nuestra vida.

O que estén lejos.

Queriéndonos mucho, pero lejos. ¿Porqué no?

Son amores que duelen. Que parten.

Pero si hoy decides empezar por ti.

Tendrás premio: Tu mism@.

 

Entender el mundo cuesta. Nadie debe decirte como son las cosas.

Empieza por recordarte cada mañana: yo valgo un mundo.

O una galaxia.

 

Y a los que no te quieran bonito, que les den.

 

Libre

 

La Suelta.

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