¡Baratija!

Creo, cada vez más, que el mundo, la gente, trata de energías.

Energías que van y vienen, que damos y nos devuelven. O nos quitan…

Las personas no son otra cosa que energía.

Las personas son colores:

Los hay grises, los hay alegres, los hay cenizos, quejicas, buscones, sabiondos, los hay altruistas sin causa, los hay serios, precavidos, los hay inseguros…

 

Y de entre todos ellos me llaman la atención, me atraen como la miel a los osos (que no entiendo que el dicho sea  …atraiga la miel a las abejas, si éstas lo elaboran y se lo comen los osos…)

Pues eso que me atraen muchísimo las personas valientes.

Pero las de verdad.

Me quedaría a su ladito, mirándomelas. Escuchándolas.

Pero los valientes de verdad, repito. Los que con sus actos levantan cejas.

Y hay tan poquitos.

Y van tantos gallitos de gallardos.

 

Los cobardes tienen la boca llena de las palabras de los valientes.

Pero no son suyas.

 

Es muy fácil hoy en día decir:

Soy súper fuerte. ¡Ah! ¿Sí? listo. ¡Demuéstralo!.

Yo podría hacer cualquier cosa.  ¡Venga! Adelante chaval, el mundo es tuyo. ¡Comételo!

 

¡Qué fácil resulta decir “Te quiero”!

Pronunciarlo es fácil.

Demostrarlo no tanto.

Pero si lo digo… ya suena a verdadero. ¿No?

…Aunque no te acepte, aunque no te elija, aunque no te ponga delante de tantas otras cosas prescindibles. ¡Te quiero!

 

Ya…

¡Pues vaya baratija!

 

Si no lo defiendes, si no lo luchas, eso no es querer.

Eso es una ilusión. ¡Cobarde!

Los valientes quieren con todos los órganos, con el cerebro, con el corazón, con el intestino y con el órgano sexual (el que tengan)

 

Y luego está el cómo querer.

La verdad yo no quiero que me quieran como a un perro.

Y también es querer.

Si es mi pareja:

No quiero que me quieran como a una hija.

Y también lo sería. Supongo.

 

Si me quieren quiero que me pongan delante.

Si quieres defiendes. Empatizas y respetas.

Respeto. Ese término tan conocido y tan en desuso.

Porque dentro del querer está el respeto.

Dentro. No fuera ni cerca. Dentro.

Y respetar es tener principios. Saber qué sí y qué no. Sencillo.

 

Y sobre todo no montas castillos con tus palabras que luego no son.

Porque eso yo también lo sé hacer, pero por principios no lo hago.

 

Pero luego, de repente…

aparece un alma valiente, que defiende lo que quiere, desea lo que tiene, habla con humildad, se ríe de sus miserias, abruma con su energía, da luz cuando entra en la habitación, porque su única vestimenta es la gallardía, la coherencia, la autenticidad. Porque no pretende, no fantasea, no ilusiona, sólo hace reír, relativiza y vive el hoy…  y en ese mismo momento, cuando le oigo, le miro y le leo (hombre o mujer). Me quiero quedar a su ladito toda la vida, para que su vida, su energía y su color me impregnen y no deje de sonreír por el resto de mis días.

 

Así que, si no eres valiente, no, cariño, no tienes licencia para decirme

Te quiero.

 

Coherente.

La Suelta.

 

p.d.  siempre puedes ser honesto…

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