PERSONAS ARCOÍRIS

Desapareció.

Se esfumó.

Y no dejó ni rastro, ni una huella, ni un rasguño, ni una marca que indicara que había pasado por allí.

Sólo quedó una sonrisa al recordarle.

 

Desapareció como se esfuma el arcoíris al final de la tarde lluviosa: con olor a mojado, con la alegría de los colores.

Y no hubo pena ni tristeza, no hubo llantos ni rencores.

Su presencia era como un vaso de agua fresca: clara, fácil, honesta y necesaria.

A veces no sabemos cuánto bien nos hacen algunas presencias hasta que se transforman en ausencia.

Podríamos pensar que nos traen alegría, que nos traen paz, que nos llenan de ilusión, pero eso no es exactamente así: somos nosotros que tenemos la alegría, paz e ilusión dentro nuestro. Hasta la felicidad. Lo que nos cuesta es sacarlo, acordarnos de ello.

Nos cuesta porque nos obsesionamos con lo malo.

Y entonces llegan ellos cargados de buen rollo, hablando de tonterías, riéndose hasta de su sombra, preguntándote mirándote a los ojos, escuchando y deshaciendo el nudo.

Esos nudos.

 

Y ya.

Respiras. Duermes y te ilusionas de nuevo.

No han sido ellos, has sido tu, eso si: con su mano grande, firme y alegre.

Todo lo alegre que puede ser una mano.

 

Agradecida

La suelta

 

Eso sí, claro: al final del día me pregunto cuando vuelve su risa a pellizcarme, su alegría a desvestirme, su energía a recargarme.

Ahora ya sé el camino.

SATISFYER…

Teníamos que probarlo. Estaba claro. El puuuuuto satisfyer de las narices.

A ver…

¿Por dónde empiezo?

Puntos malos o puntos…

Los buenos.

Pues sí: te masajea el clítoris como si el mejor amante que hayas tenido estuviera literal y físicamente ahí abajo…

Cierras los ojos, o no… y te dejas llevar y sí, lo hace súper bien el aparatejo.

No voy a escatimar: te proporciona uno de esos orgasmos eléctricos que los mejores amantes te pueden conseguir, o incluso mejor, dejándote con las piernas temblando y con espasmos después de haberte corrido. LITERAL: EL ORGASMO ES BRUTAL.

Encuentra ese puntito que a veces cuesta tanto para correrse cuando te lo comen.

Y ese puntazo eléctrico que algunos orgasmos te han proporcionado y te has quedado diciendo uuuuu-a-uh!

Pero me váis a perdonar y aquí vienen los puntos malos:

El sexo, la excitación, el juego y el orgasmo, para mi (este escrito es subjetivo) no ha de ser una opinión global, mundial, ni siquiera general.

Todo aquello es mental:

Lo guay y cachondo que es que te lo coman… bien… agarrarle de la cabeza, fuerte, para que lo acabe, pero llegado el momento, pedirle que suba y te la meta…

Y correrte mientras te agarras a su espalda. O te subes encima.

O simplemente cogerle de la cabeza y notar su respiración ahogada allí abajo.

Eso no lo hace el satisfyer.

No hay piel, no hay olor de otra persona, no hay calor, abrazos o mimos.

Al satisfyer no le vuelves loco, no consigues que se corra, no te dice: ¡Qué buena estás, leona!. O ¡Cómo me pones, por Dios!

El satisfyer no es un hombre que te levanta en volandas, te lleva a la mesa del comedor y te lo hace ferozmente.

Ni cuando te está masajeando perfectamente el clítoris, levanta la cabeza y dice como un león hambriento: ¡qué bueno está por Dios! Me sabe a caramelo.

Anda ya!

Para el satisfyer ya has de estar… ahí. El satisfyer no es lo que te pone cachonda.

Pero he de reconocer, que si cierras los ojos y le dejas hacer, ¡coño!, como el mejor orgasmo que hayas tenido. Sí, señor.

Y lo mejor de lo mejor:

Te corres y te puedes dar media vuelta y ponerte a dormir.

Sí, lo mejor.

Experimentando.

La Suelta.

Pd.

A todo esto he de decir que no me gusta hacia donde va el mundo. Caminamos hacia el individualismo. Autosfuficiencia. Es triste si lo pensamos bien.

Pd.2.

Pero… tengo una amiga que lo ha usado complementario a su pareja… “brutal, dice” queda un plano por explorar…

La Suelta 2.0

Siempre hay un antes y un después a todo.

Antes de perder la virginidad y después.

Antes de tu primer trabajo y después.

Antes de la primera vez que te dejó el supuesto amor de tu vida y después.

Antes de ser madre y después.

Antes de que se te muriera alguien necesario en tu vida y después.

Antes de morir y después.

Y de todo esto te das cuenta detrás del después.

Que es mucho más allá del mucho y el demasiado.

Podría explicarte muchas cosas, pero prefiero que las vivas y me las cuentes.

Que te duelan y nos riamos juntos de ello.

Porque hasta de la muerte deberíamos reírnos.

La vida es chula. ¡mola!

Pero aprender a vivirla cuesta un poquito.

¿no creéis?

Empezamos segundo capítulo de La Suelta 2.0.

Y éste empieza en el momento en el que sientes que tienes algo por contar,

Tanto por escribir, muchísimo por compartir.

Recordarte que me sigue encantando tu lectura.

Para mi es como una caricia de tu enorme mano escribiendo en mi espalda, recorriéndola sin dejarse una célula muerta por resucitar.

Por aquí os espero. Os busco. Me hurgáis.

Despertando

La Suelta