Unos gramos de sentimiento a tanta legalidad.

Que cientos de personas vestidas de amarillo, enarbolando su bandera, salgan a la calle en masa, te cubran cual manta de colores las calles de Barcelona, te canten al unísono els Segadors, te consigan poner la piel de gallina y griten convencidos “Volem la independència!” quiere decir muchas cosas. Están gritando al cielo tanta fuerza, arrastran tanto sentimiento en un solo sentido que no pueden ser tachadas de anticonstitucionales.

Eso es directamente un insulto.

Tantas personas pidiendo lo mismo no pueden estar equivocadas. Sencillamente porque todo esto no va de leyes, no va de política, no va de economía, no se basa en los resultados.

Todo esto va de sentimientos, de orgullo, de una autoestima de un pueblo menoscabada, a base de argumentos políticos y legales, todos ellos loables, todos ellos válidos. Pero es que estamos hablando de diferentes cosas. La cuestión va por otros derroteros.

  • Es que ya no quiero estar aquí. – ruge el pueblo catalán.
  • Es que vas a perder dinero. Y no tienes derecho legal a irte. – responde altivo el gobierno central.
  • Yo decidiré si me quiero ir. – argumenta el catalán.
  • Tu voto no tiene validez. – recuerda El constitucional.
  • Un voto, una opinión. Mi referéndum por concepto tendrá validez.
  • No votarás. Tu voto no tendrá valor.

 

Y en este punto es donde cualquier catalán que hubiera votado no, por su orgullo herido, por su interpretación de que su voto está anulado por concepto sale a la calle a rugir “Volem la independència!”

Y yo me pregunto: ¿se podría haber gestionado peor todo esto? Siento que no.

¿Es tan difícil montar un referéndum con unas garantías legales que les diera voto a todos los catalanes a opinar libremente lo que quisieran?

Parece ser que sí.

Por lo tanto, asistimos asombrados a esas manifestaciones pacíficas, amarillas y multitudinarias que nos recuerdan que sí quieren votar, ahora ya hasta sienten que quieren ser independientes. Porque todo esto va de sentimientos no lo olvidemos. La política queda para los eruditos. La economía para aquellos. Estos salen a la calle por un mero sentimiento de amor propio herido.

Y yo no puedo dejar de sentir envidia por este pueblo pacífico y auténtico que se atreve a tanto, que ni ellos mismos saben a lo que se están atreviendo.

Porque el valiente nunca sabe cuan alta es la montaña que dice va a escalar.

Pero el mérito está en atreverse.

 

Y sí: si mañana Cataluña consigue su independencia yo me quedo aquí, espero me acojan como extranjera. Me está dando más motivos Cataluña para quedarme que de querer largarme.

Seguid gritando fuerte tan fuerte que hasta las estrellas os escuchen y puedan cumplir vuestro sueño. Después reescribirá la Historia vuestros pasos, cada paso de cada uno de vosotros. Y os sentiréis orgullosos de formar parte de algo. Algo vuestro al fin y al cabo.

 

Simplemente valientes.

 

A vuestros pies.

Beatriz Puerta.

 

Hace cuatro años ya escribí:

https://lasuelta.com/2014/01/24/un-poquito-de-respeto-no-viene-mal

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