Fuera de juego.

No nos engañemos, no caigamos en esa autohipocresía, rincón de fantasía.

No querramos convencernos de lo que no es.

A ella no le interesa saber lo que es un fuera de juego, aunque algunas de nosotras lleguemos a comprenderlo (no digo que sea o no una de ellas).

No nos interesa realmente. Lo que nos gusta es veros explicarlo. Preguntároslo. Interrumpiros el glorioso minuto del partido. Y veros apasionados, o fastidiados, respondernos. Decorosos, fuera de sitio, cariñosos o cabreados.

Pero el fuera de juego, el porqué, no nos interesa. REALMENTE. ¡Confesad, chicas!

(alguna hay que sí lo entiende y se vanagloria de ello. Seguro que su hijo, hermano o novio juega al futbol… jejeje.)

Como a vosotros tampoco os importa lo que llevamos puesto. No es la ropa lo que os importa. O lo que os pone. Os gusta nuestra sonrisa, os preocupa su ausencia. No os molesta el kilo de más, os toca los cojones lo que a nosotras nos puede desestabilizar. Pero la ropa el conjunto o la falta de estilo os la pela. Realmente. Sed sinceros, también.

Bueno, quizás la falta de estilo, como tal, a algunos de vosotros os chirría porque os estáis volviendo quisquillosos, o también podéis reconocer que nosotras hemos conseguido pellizcar vuestra sensibilidad al gusto por la estética. O si vamos más allá os dáis cuenta de que un estilo estudiado es un arma de poder social encubierta, no reconocida. Pero esto es otro debate… o no?

Así que no nos llevemos a la mentira de la mano, mutuamente, recíprocamente.

Así que hablemos claro.

Ha sido fuera de juego. Ok. Punto. Porqué. ¿qué más da?

“¿Estoy guapa?” Siempre. Le gustas tanto como el primer día, o le pareces igual de aburrida que lo eras ayer. La ropa no cambia nada. Tu sonrisa, sí. Lo cambia todo. Tu hambre hará el resto.

Ella sólo quiere ser tu centro total y absoluto de atención. Y si te tiene que preguntar qué es un fuera de juego lo hará, aunque le importe tres cominos. Puedes, al responderle, pararte un segundo antes ante sus ojos sin maquillaje; tú serio, contundente y trascendental afirmar sereno: “eres la criatura más bonita que he mirado, princesa.”  Se olvidará del fuera de juego y se le maquillará en la carita la más luminosa de las sonrisas.

Creo que las cosas son sencillas pero las retorcemos.

La vida es fácil aunque sea dura.

Y nos escondemos, camuflamos en escusas; disimulamos nuestras inseguridades en prendas que no combinan con nuestra sonrisa, en preguntas de respuestas que no nos importan.

Porque lo que pone no es la frase, es el tono.

Lo que interesa no son los ojos es la mirada.

Ella seguirá preguntando qué es un fuera de juego. aunque debería buscar un minuto más idóneo… entiende el fondo. No atiendas la forma.

Pero cuando se ponga un vestido nuevo (aunque te la pele el vestido), cuando la inseguridad, que no suele saborear, le erice la autoestima,  por favor, mírala serio y con semblante orgulloso… Deja lo que estás haciendo y dile:

¡qué afortunado soy de tenerte, estás preciosa!

¿Es eso difícil?

Sólo pregunto.

 

Preguntona.

La Suelta.

 

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