Esta noche es mágica…

Es la noche de reyes, se acaba la Navidad, pero en un último intento de alargar la magia y el consumismo, alguien se inventó este tremendo cuento:

Esta noche tres increíbles señores venidos de Oriente, montados en tres chuchurríos camellos, traen regalos para todos los niños del mundo, todo ello cargado en estos camellitos, reparten en la misma noche en diferentes ciudades todos los regalos que esos niños han deseado, pedido en el último momento, entran y salen de casa sin que nadie los oiga; esa noche mágica, todos esos niños creerán en la magia, porque ¿cómo y de qué otra manera podría ser?.  Esos camellos como mínimo antes de partir se han bebido 5 red bulls!

Esos tres increíbles señores: Melchor: el rey blanco es barbudo y con pelo, no sufre de calvicie, rondará los sesenta digo yo porque tiene todo el pelo blanco como la nieve, de ahí el nombre; Gaspar, de pelo castaño (el rey marrón), barba incluida, ni una cana, cuarentón largo, tampoco sufre de calvicie, ni clarea… y Baltasar, el rey negro, mi preferido! Todos los reyes negros que he visto distan un siglo de los otros dos, suelen ser jóvenes, altos, guapos y yo los veo tremendamente sexys. Y me digo que estoy mal, porque es un rey mago que trae regalos a los niños pequeños, no puedo pensar cosas pecaminosas con un rey Mago.

Me dispongo a ir a la cabalgata de reyes con mis sobrinos, emocionados ellos, por los caramelos, por ver a los reyes, por la magia, porque esta tarde han apuntado un último regalo que esperan ilusionados que les dejen a los pies del árbol. ¡Qué inocentes! ¡Qué tierna la vida! Y pienso cuando les dejará la primera novia, cómo se les romperá el corazón… O cuando sin ir tan lejos, algún compañero de clase les diga que sabe quiénes son los reyes magos… y ¡oh inocencia! Se rompió el primer trocito. Se despedazó su rinconcito de magia. Infancia, delicioso rincón de inocencia.

La cabalgata sale sin pena ni gloria, la componen unas furgonetas del de la panadería, el camión del carpintero, maqueados con cartones pintados llenos de dibujos, el rey blanco lleva una barba muy blanca eso sí, que hace creer a los niños fantasías imposibles, pero no le ajusta bien y la sujeta con la mano, el rey marrón saluda efusivo a todos los niños, bebes, abuelitos y demás. Debe ser el primer año que se disfraza y llega la última carroza, la del rey negro, carroza en blanco y azul. Mira… no me parece tan cutre, ¿será realmente traída del lejano Oriente? Ensimismada, arrebujada en mi abrigo me fijo en el rey Negro… ¡Dios! este año deben haber hecho un casting, está bueno a rabiar, no hay otra forma de definirlo, está de pie en la carroza, cogiéndose la voluptuosa capa, sonriendo arrebatadoramente sexy.

¡Por Dios, nena, que es un rey Mago…!

Y me imagino en mitad de la noche en casa… oír un ruido en la ventana… alguien no la ha forzado siquiera para entrar, claro: ¡es mago!. Y le encuentro en mitad del salón colocándome regalos a los pies del árbol, ¿qué haces tú aquí?… vaya pregunta, es un rey mago, en la noche de reyes.

– ¿quieres tomar algo?

– Un gin tonic – ah! No sabía que los reyes magos le dieran al alcohol-

– Me apunto! – le suelto-

La tontería, lleva a la broma, la broma lleva al resto. Y se va la noche… voy a dejar que vuestra imaginación trabaje por mí. Cada cual tiene su fantasía. No imaginaré que me follo al rey mago, porque queda muy sohez.

Pero lo que sí me imagino es el despertar, en silencio, en esos despertares lentos y reparadores, cuando la noche, el sueño y el resto han hecho su función. Parece que hasta el cutis lo tienes mejor.

Voy al salón y me encuentro el pie del árbol repleto de fantásticos regalos materiales, carísimos, imposibles, imponibles, innombrables, todas somos un pelín materialistas, un pelín sueltas.

Sonrío traviesa… ¡qué diablos! ¡Pedazo de Rey Mago!

Me cae un caramelo en la frente, de la caravana de reyes. Me trae de vuelta de tanta  tontería, el rey mago Negro ya ha pasado, a mí no me ha dicho ni hola, el caramelo ha caído con mala leche, algún niño de los pajes con un pelín de mala idea. “Son niños…” ya! y yo vuelvo a mi realidad, tan fría, como la noche de reyes.

Devuelvo a mis sobrinos y me voy a dormir.

En mitad de la noche despierto, no hay ruido ventana ni magia, me doy la vuelta. Qué narices, los reyes magos no existen pero a veces a la inocencia le gusta imaginar, a mi travesura le permito indagar y a mi imaginación dejarme llevar y…  me sorprende.

En el fondo pienso que menos mal que los reyes magos no existen, porque ¡¡son tres en realidad! Y no sé si podría con tanta magia.

Fantasiosa.

La Suelta.

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