Y a veces te sientes princesa…

Porque a veces los sueños te permiten ser cualquier cosa, puedes soñar sitios increíbles, ser personas diferentes, sentir palabras innombrables, dormir en castillos prohibidos y a veces sueñas que eres princesa. Princesa de nada o de casi todo. Princesa a tu modo.

Como ese día horrible que todo ha salido torcido, la noche no ha dado tregua, el trabajo no ha salido, todo se ha desmoronado, pero lo peor y más incambiable de todo: tú te sientes floja, abajo, poca cosa, hasta vencida. Te dices que es sólo hoy, que mañana será otro día. El ánimo no levanta y te espachingas en el sofá a hojear una revista, la primera revista que alcanzas llena de mujeres espectaculares, de ropas imposibles, de bombones, pivones y tops, de cuerpos tuneados, de melenas dibujadas.

Páginas de complementos, bolsos y taconazos. Y tu mirada se detiene, se fija y se para. ¡Pedazo de chaqueta de visón en amarillo chillón! Corta por la cintura, entallada, divina, espectacular, de otra galaxia. Una galaxia llena de cosas inalcanzables. Ni siquiera en sueños. El precio es la mitad de tu salario. Pero detienes la mirada, rezuma fantasía, te imaginas en ella, con unos pantalones en cuero negro, para rematar unos Loubotin de 7cm, toda tu tuneada. Tu moral sube enteros, sigues soñando, paseando por una avenida empedrada, te conviertes en cuerpazo con solo ponértela. Tu melena incontestable la acaricia. Sientes las miradas caerte sobre los hombros. Tu ánimo vuela y tú te sientes princesa. No eres pequeña, eres grandiosa.

Empiezas a justificar la compra, a sumar, restar y buscar capital, para tal inversión, inversión de por vida, prenda necesaria. ¿Por qué? ¡Porque es chula! ¡Obvio! Porque quieres ser princesa.

Aparece tu chico, se sienta en el sofá y conecta el fútbol.

Emocionada, en tu nuevo ser le enseñas, emocionada, tu posible futura inversión, adquisición, objeto de deseo. Y exclamas:

–          Cariño, mira. ¡qué pasada de chaqueta! ¿A que es increíble?

–          Reina, con esta chaqueta… parecerías piolín  –y vuelve al fútbol-.

Pedazo de verdad andante.

¿Cómo puede alguien ser tan sincero, honesto, bondadoso y cruel en el mismo recipiente?

Y despiertas, cual sueño nocturno, te miras al espejo y recuerdas a la chica normal (dícese normal como la chica que no sale en revistas ni vive en Mónaco, no es Linda Evangelista ni pasea en carracos) Porque sin tener en cuenta tus sueños, sigues viviendo en la misma casa, en el mismo lugar. Sales de farra con tu chaqueta tejana, porque para guerras y cubatas mejor el tejano. Para tu día a día prefieres el zapato plano. Y al final siempre te acabas vistiendo en tejanos, camisetas y jerseys.

Pero qué narices, hoy te sientes princesa, porque los sueños lo que tienen es que son tuyos y nadie osa, puede, ni tiene derecho a robártelos y en sueños puedes ser cualquier cosa.

En tus sueños ya no hay chaquetas piolín, pero tu sigues siendo grandiosa.

 

Soñadora…

La Suelta.

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