La Suelta 2.0

Siempre hay un antes y un después a todo.

Antes de perder la virginidad y después.

Antes de tu primer trabajo y después.

Antes de la primera vez que te dejó el supuesto amor de tu vida y después.

Antes de ser madre y después.

Antes de que se te muriera alguien necesario en tu vida y después.

Antes de morir y después.

Y de todo esto te das cuenta detrás del después.

Que es mucho más allá del mucho y el demasiado.

Podría explicarte muchas cosas, pero prefiero que las vivas y me las cuentes.

Que te duelan y nos riamos juntos de ello.

Porque hasta de la muerte deberíamos reírnos.

La vida es chula. ¡mola!

Pero aprender a vivirla cuesta un poquito.

¿no creéis?

Empezamos segundo capítulo de La Suelta 2.0.

Y éste empieza en el momento en el que sientes que tienes algo por contar,

Tanto por escribir, muchísimo por compartir.

Recordarte que me sigue encantando tu lectura.

Para mi es como una caricia de tu enorme mano escribiendo en mi espalda, recorriéndola sin dejarse una célula muerta por resucitar.

Por aquí os espero. Os busco. Me hurgáis.

Despertando

La Suelta

¡Baratija!

Creo, cada vez más, que el mundo, la gente, trata de energías.

Energías que van y vienen, que damos y nos devuelven. O nos quitan…

Las personas no son otra cosa que energía.

Las personas son colores:

Los hay grises, los hay alegres, los hay cenizos, quejicas, buscones, sabiondos, los hay altruistas sin causa, los hay serios, precavidos, los hay inseguros…

 

Y de entre todos ellos me llaman la atención, me atraen como la miel a los osos (que no entiendo que el dicho sea  …atraiga la miel a las abejas, si éstas lo elaboran y se lo comen los osos…)

Pues eso que me atraen muchísimo las personas valientes.

Pero las de verdad.

Me quedaría a su ladito, mirándomelas. Escuchándolas.

Pero los valientes de verdad, repito. Los que con sus actos levantan cejas.

Y hay tan poquitos.

Y van tantos gallitos de gallardos.

 

Los cobardes tienen la boca llena de las palabras de los valientes.

Pero no son suyas.

 

Es muy fácil hoy en día decir:

Soy súper fuerte. ¡Ah! ¿Sí? listo. ¡Demuéstralo!.

Yo podría hacer cualquier cosa.  ¡Venga! Adelante chaval, el mundo es tuyo. ¡Comételo!

 

¡Qué fácil resulta decir “Te quiero”!

Pronunciarlo es fácil.

Demostrarlo no tanto.

Pero si lo digo… ya suena a verdadero. ¿No?

…Aunque no te acepte, aunque no te elija, aunque no te ponga delante de tantas otras cosas prescindibles. ¡Te quiero!

 

Ya…

¡Pues vaya baratija!

 

Si no lo defiendes, si no lo luchas, eso no es querer.

Eso es una ilusión. ¡Cobarde!

Los valientes quieren con todos los órganos, con el cerebro, con el corazón, con el intestino y con el órgano sexual (el que tengan)

 

Y luego está el cómo querer.

La verdad yo no quiero que me quieran como a un perro.

Y también es querer.

Si es mi pareja:

No quiero que me quieran como a una hija.

Y también lo sería. Supongo.

 

Si me quieren quiero que me pongan delante.

Si quieres defiendes. Empatizas y respetas.

Respeto. Ese término tan conocido y tan en desuso.

Porque dentro del querer está el respeto.

Dentro. No fuera ni cerca. Dentro.

Y respetar es tener principios. Saber qué sí y qué no. Sencillo.

 

Y sobre todo no montas castillos con tus palabras que luego no son.

Porque eso yo también lo sé hacer, pero por principios no lo hago.

 

Pero luego, de repente…

aparece un alma valiente, que defiende lo que quiere, desea lo que tiene, habla con humildad, se ríe de sus miserias, abruma con su energía, da luz cuando entra en la habitación, porque su única vestimenta es la gallardía, la coherencia, la autenticidad. Porque no pretende, no fantasea, no ilusiona, sólo hace reír, relativiza y vive el hoy…  y en ese mismo momento, cuando le oigo, le miro y le leo (hombre o mujer). Me quiero quedar a su ladito toda la vida, para que su vida, su energía y su color me impregnen y no deje de sonreír por el resto de mis días.

 

Así que, si no eres valiente, no, cariño, no tienes licencia para decirme

Te quiero.

 

Coherente.

La Suelta.

 

p.d.  siempre puedes ser honesto…

Declaración de principios.

Me drogué de sus miradas hasta la sobredosis.

Me drogué de sus palabras con sabor a miel.

Del timbre de su voz,

Me drogué de su saliva,

De sus ojos aguamarina,

De sus labios carnívoros,

de sus teclas desconocidas

que activaban grutas impensables.

Me drogué de su sabor,

de su abrazo desmedido.

Hasta de su crueldad innecesaria.

Me drogué como una yonqui.

Que vuelve siempre a por su dosis.

Que vuelve por más que la vapuleen.

 

Éramos dos leones en la cama.

Dos socios que no necesitan palabras para entenderse.

Dos perros que se orientan por el olfato

y su faro es el olor a sudor del otro.

Éramos dos cisnes en la pista de baile.

Dos risas acompasadas.

Dos miradas conectadas.

Dos corazones hambrientos

Y brillantes…

¿Qué más daba el mundo?

El cielo o su fin.

 

¿Cómo no me iba a drogar?

Si era el ser más delicioso y pecaminoso

que mis labios hubieran probado.

 

Era drogadicta y lo sabía.

Lo necesitaba.

Lo olía.

Lo buscaba, a pesar de todo.

A pesar de…

 

Pero el yonqui encuentra su fin en una sobredosis

En un cuarto oscuro sin compañía, sin consuelo

y sabiéndolo desde la primera calada.

Desde el primer beso.

 

Hasta ese Segundo en que decides dejar de ser.

Prefieres el Vacío al dolor.

Eliges vida a muerte.

Giras y sigues otro camino.

Sin pensar.

Sin sentir.

Sin mirar atrás.

Sin coincidir.

Sin más mierda.

Con más vida.

Con la luna llena guiñándote el ojo…

 

Empiezas tu camino

y ya no eres ella, la yonqui.

Eres tú:

Un ser partido por la mitad,

reparado con tu amorpropio.

Más valiosa.

Más capaz.

Infinitamente más sabia.

 

Y tan feliz de haberme drogado y poder entenderlo.

 

 

Desenganchada.

La suelta.

PELICULERAS…

Vivimos en una puta película.

Nos las creemos y ese es nuestro problema:  Porque la vida no es así.

En la vida el amor es otra cosa, por ejemplo…

El que te dice “¡qué guapa vas hoy!” es el proveedor de material del almacén….

(que se agradece… pero no es eso)

Tu marido ni te mira

Y el amor de tu vida paso de largo sin apearse… a lo mejor no era taaaaaan amor. Podríamos decirle, subidón, euforia, visiones… pero amor no. Las pelis dicen que el amor puede con todo.

Mal vamos.

 

Se nos queda en el disco duro, encriptado y sin poderlo borrar o desmitificar ese momentazo de película, en El diario de Noa, cuando

Ryan Gosling va a hacia ella corriendo y grita bajo la lluvia:

“¡Lo nuestro nunca acabó!”

Y se besan en el mejor de los besos de película que pueda recordar, bajo la lluvia y con una coreografía hasta la cama, que si lo intento me caigo de bruces.

Y no me digáis que hago de spoiler porque quien no la haya visto o tiene delito o no tiene corazón.

 

Y no nos acordamos que Ryan Gosling al final no acabó con Rachel Mcadams ¡no!

Acabó con Sam Mendes que sí, está muy buena…

Pero no es Allie…  creo que me entendéis.

Y si no me entendéis no sois románticas, así en plan maso…

 

Y nosotras nos obcecamos en seguir viviendo la vida como en una peli:

Donde él vendrá y enfadado nos dirá eso de

“Será difícil… pero quiero estar contigo

¡¡Porque no concibo mi vida sin ti!!!”

Anda ya…  ¡Nada de eso!

La vida. Hoy en día… no es así.

 

El amor está medido, cuantificado en dosis de riesgo:

¿Qué sacrifico si me enamoro locamente de ti (siempre suele ser ella)?

(esto merece otro post. No voy a desgranar este punto aquí… )

 

Y nos ponemos una y otra vez Pretty Woman, mil millones de veces.

Y pensamos que ir de compras es eso:

Que un Richard Gere, ahí es nada, entre a la tienda y en un susurro le diga a la dependienta:

Mímala, hazle la pelota, no a mi, a ella. Con Visa plana ultra mega inacabable, ¿poniendo él la contraseña? ni wallet, ni tarjeta, ni nada, ese pagaba con sonrisa.

Esta diciendo: hazle sentir una puta princesa…

Y Julia Roberts con esa sonrisa de no haber roto un plato, cuando en la película se supone que era puta. Tal cual. Puta. Sonríe con ese cuerpo de infarto y esa sonrisa blanca, espectacular…

Yo me voy de compras, miro la etiqueta, la de la tienda me mira mal, entro SOLO en período de rebajas y siempre, siempre, siempre acabo comprando algo de NEW COLECTION. Yo soy gilipollas. Certificado.

 

O pensamos que subir a un ascensor es como en la película de Driver, de Mi Ryan Gosling

(¿qué pasa que una no puede tener debilidades?? Pues sí las tengo: las patatas fritas con ketchup y Ryan Gosling,

bueno y así como se está poniendo la vida en breve el satisfyer… )

Y pensamos que la vida se detendrá a cámara lenta y te darán un beso así amarillento, lento y emocionante… Con una brutal banda sonora…

Pero no: volvemos a casa y entramos en el ascensor y entra el del quinto, el que está bueno, pero ni él lo sabe, ni te mira, porque yo no estoy buena y sí lo sé. Ni una miradita, luz blanca, no existe la cámara lenta en la vida real, ni adiós, ni educación al salir.  “Que te vaya bonito o te folle una cucaracha, cenutrio”

Perdón, era mi pensamiento. No tenía que transcribirse.

 

Punky

La Suelta.

 

 

 

¡Hasta las narices!

Empiezo a estar hasta las narices de esa gente que está, pero no.

Que dice ser. Pero no es.

 

Seré todo lo clarita que me permite este blog:

Estoy hasta el moño de gente casada que reniega de su estado

Que se queja de su pareja, que dice estar pero no quiere estar.

¡Pues vete!

 

Vaya por delante que puedo entender ciertas dificultades.

Impedimentos familiares y trabas económicas. La vida no es fácil.

Pero no me refiero a estos casos.

Me refiero a los que no hacen ni un paso, no hablan las cosas por su nombre, se quejan de todo, pero ahí siguen.

Estoy hasta los cojones de la gente casada que critica y hasta menosprecia a su pareja pero ni el gesto de largarse.

 

Tío, si estás en pareja es porque quieres o quisiste, porque te atraparon o mejor aún te enamoraron. Pero eres libre de largarte, por las buenas o por las malas.

Eres libre de decir no quiero más esto.

¡Eres libre!

 

Pero eres un cobarde.

Con todas y cada una de las letras.

Prefieres mantener el techo a medias y salir al bar a fanfarronear de lo que serías pero no eres.

O de lo que dices ser pero no demuestras.

Porque no te atreves a enfrentarte a ti mismo, a lo que verdaderamente eres, qué es lo que realmente tienes…

Para eso hay que ser valiente y tú ese término ni lo conoces.

 

Has de asumir de una vez que la vida está formada de etapas, que la gente libre es la que se atreve a saltar de una a otra, que hay que ser gallardo para mantener el frente, de luchar por lo que quiere, pero si no funciona o no te llena, nadie te ata más que tú cobardía.

 

Que si estás en pareja es porque te llena, te gusta su sonrisa, te sacan de quicio sus pedos en el sofá, calmas sus insomnios o luchas por sus sueños.

 

Pero no se está en pareja para decirle al o a la de enfrente,

“si quieres llévatelo”

“Estoy aburrid@ de el/ella”

“¡Qué cansino!”

“¡Que palo llegar a casa!”

O lo peor de todo

“Es lo que hay”

 

Esta frase deberían borrarla de todas las mentes alegres y libres

¡Por Dios!

 

Porque al final de tus cuentas esa persona se merece un respeto.

Por los buenos momentos. Por los besos. Por los hijos. Por algún día haberte hecho sonreír.

O por simple respeto.

 

Y también es respetar usar la honestidad para decir: ya no me llenas.

 

Pero en vez de eso usas la boca para quejarte y la silla para quedarte.

Por miedo.

Por incertidumbre

Porque en realidad no sabes quién eres.

 

Vete.

No esperes.

Descubre.

 

O acepta, asume y respeta.

Y… relájate.

 

 

Sencillo.

No para pequeños.

 

 

Harta

La suelta

PERSONAS ARCOÍRIS

Desapareció.

Se esfumó.

Y no dejó ni rastro, ni una huella, ni un rasguño, ni una marca que indicara que había pasado por allí.

Sólo quedó una sonrisa al recordarle.

 

Desapareció como se esfuma el arcoíris al final de la tarde lluviosa: con olor a mojado, con la alegría de los colores.

Y no hubo pena ni tristeza, no hubo llantos ni rencores.

Su presencia era como un vaso de agua fresca: clara, fácil, honesta y necesaria.

A veces no sabemos cuánto bien nos hacen algunas presencias hasta que se transforman en ausencia.

Podríamos pensar que nos traen alegría, que nos traen paz, que nos llenan de ilusión, pero eso no es exactamente así: somos nosotros que tenemos la alegría, paz e ilusión dentro nuestro. Hasta la felicidad. Lo que nos cuesta es sacarlo, acordarnos de ello.

Nos cuesta porque nos obsesionamos con lo malo.

Y entonces llegan ellos cargados de buen rollo, hablando de tonterías, riéndose hasta de su sombra, preguntándote mirándote a los ojos, escuchando y deshaciendo el nudo.

Esos nudos.

 

Y ya.

Respiras. Duermes y te ilusionas de nuevo.

No han sido ellos, has sido tu, eso si: con su mano grande, firme y alegre.

Todo lo alegre que puede ser una mano.

 

Agradecida

La suelta

 

Eso sí, claro: al final del día me pregunto cuando vuelve su risa a pellizcarme, su alegría a desvestirme, su energía a recargarme.

Ahora ya sé el camino.

SATISFYER…

Teníamos que probarlo. Estaba claro. El puuuuuto satisfyer de las narices.

A ver…

¿Por dónde empiezo?

Puntos malos o puntos…

Los buenos.

Pues sí: te masajea el clítoris como si el mejor amante que hayas tenido estuviera literal y físicamente ahí abajo…

Cierras los ojos, o no… y te dejas llevar y sí, lo hace súper bien el aparatejo.

No voy a escatimar: te proporciona uno de esos orgasmos eléctricos que los mejores amantes te pueden conseguir, o incluso mejor, dejándote con las piernas temblando y con espasmos después de haberte corrido. LITERAL: EL ORGASMO ES BRUTAL.

Encuentra ese puntito que a veces cuesta tanto para correrse cuando te lo comen.

Y ese puntazo eléctrico que algunos orgasmos te han proporcionado y te has quedado diciendo uuuuu-a-uh!

Pero me váis a perdonar y aquí vienen los puntos malos:

El sexo, la excitación, el juego y el orgasmo, para mi (este escrito es subjetivo) no ha de ser una opinión global, mundial, ni siquiera general.

Todo aquello es mental:

Lo guay y cachondo que es que te lo coman… bien… agarrarle de la cabeza, fuerte, para que lo acabe, pero llegado el momento, pedirle que suba y te la meta…

Y correrte mientras te agarras a su espalda. O te subes encima.

O simplemente cogerle de la cabeza y notar su respiración ahogada allí abajo.

Eso no lo hace el satisfyer.

No hay piel, no hay olor de otra persona, no hay calor, abrazos o mimos.

Al satisfyer no le vuelves loco, no consigues que se corra, no te dice: ¡Qué buena estás, leona!. O ¡Cómo me pones, por Dios!

El satisfyer no es un hombre que te levanta en volandas, te lleva a la mesa del comedor y te lo hace ferozmente.

Ni cuando te está masajeando perfectamente el clítoris, levanta la cabeza y dice como un león hambriento: ¡qué bueno está por Dios! Me sabe a caramelo.

Anda ya!

Para el satisfyer ya has de estar… ahí. El satisfyer no es lo que te pone cachonda.

Pero he de reconocer, que si cierras los ojos y le dejas hacer, ¡coño!, como el mejor orgasmo que hayas tenido. Sí, señor.

Y lo mejor de lo mejor:

Te corres y te puedes dar media vuelta y ponerte a dormir.

Sí, lo mejor.

Experimentando.

La Suelta.

Pd.

A todo esto he de decir que no me gusta hacia donde va el mundo. Caminamos hacia el individualismo. Autosfuficiencia. Es triste si lo pensamos bien.

Pd.2.

Pero… tengo una amiga que lo ha usado complementario a su pareja… “brutal, dice” queda un plano por explorar…

Femin-ismo. No, no somos iguales.

Vaya por delante que no es correcto generalizar. Pero aquí debo hacerlo. Partiendo del punto que el feminismo generaliza, primera premisa incorrecta.

Debo decir que cualquier palabra que acabe en –ismo. Es negativa, radical y no defiende la conciliación, el entendimiento.

Mi opinión.

No puedo sentirme feminista. Comparto puntos de vista. Por supuesto que estoy de acuerdo con la igualdad de derechos. Pero me parece un error de sociedad que debamos salir a defenderlos: nuestros derechos. Nuestros derechos no se pisotean y punto.

Y no se ningunean en una conversación privada.

No se regatean en una negociación de salario.

No se toleran situaciones de desigualdad. Indiscutible.

Se defienden en privado o en público. Ahí empieza todo.

 

Pero no me siento feminista cuando defienden, abanderan y gritan por la igualdad. No estoy de acuerdo. Para nada. No somos iguales.

Es más: somos taaan diferentes. Hombres y mujeres.

Recordar que generalizar no es lo justo.

Porque habrá personas (hombres y mujeres) que sean excepción a mi disertación.

Pero los hombres y las mujeres no somos iguales. No somos lo mismo. Somos diferentes. En nuestro modo de sentir, en nuestras capacidades, en nuestro modo de relacionarnos.

¿Cómo puedo defender o sentirme identificada en una defensa de la igualdad?

Ellos son más fuertes físicamente (generalizando), nosotras somos más complejas, versátiles y sutiles. Ellos tienen unas capacidades que yo ni quiero para mí. Nosotras podemos dar a luz y amamantar, ese instinto maternal que es, al fin y al cabo, animal. Es animal, inmenso, es un regalo y un placer para muchas de nosotras. Ellos disculpadme pero ni lo tienen, ni lo pueden sentir. Algunos de ellos hasta sienten envidia.

Ellos son más planos, más sencillos en sus comunicaciones, relaciones y expresiones.

(no son comentarios o valoraciones peyorativas, no se me malinterprete)

Nosotras somos sutiles y tenemos tantos planos de interpretación.

Nosotras tenemos más habilidad para estar en varios temas a la vez, desarrollándolos y llevándolos a buen fin.

Por supuesto que valemos lo mismo. Pero es que permitidme la soberbia de pensar a veces que no valemos lo mismo, valemos mucho más. Hacemos tantas cosas a la vez. Bien llevadas, con responsabilidad, sensibilidad y contundencia. Que no veo tantos hombres alcanzar las cotas de profesionalidad que veo en tantas mujeres.

Generalizo y yerro. Pero se trata de comparar géneros no personas. Así que por lo general es mi opinión.

Debo decir que cuando veo un coche conducir mal siempre pienso que es mujer. Lo siento, chicas, el tema del coche, las columnas y la circulación… no es nuestro fuerte. Lo pienso así.

 

Yo no quiero que me traten como un hombre, que me saluden como si fuera un hombre. No soy un hombre, soy una mujer.

Me gusta la caballerosidad, el que me abran la puerta, que me cedan la vez. ¿Por qué no? ¿Qué mal hay en eso? ¿Qué derecho menoscabo? Ninguno. Valemos lo mismo. Tenemos los mismos derechos. Pero nunca nos veré como iguales.

En algunos momentos, perdonad chicas pero somos inmensamente superiores. Y aquí, que no se me echen los hombres a la yugular, pero pienso que si todos los jefes de gobierno del mundo fueran mujeres, no existirían las guerras. Básicamente porque una mujer concibo imposible que apretará el botón de WAR, de BOMBA, sobre civiles, mujeres y niños. Las mujeres tenemos esa empatía, ese instinto maternal y de solidaridad. Que no digo que no lo tengan algunos hombres, pero muchos jefes de estado claramente no.

Así que con todo, no me puedo sentir feminista. Hoy he visto una entrevista de un hombre a una mujer.

  • ¿Cómo te he de saludar? A ti, que odias a las mujeres.
  • ¿Cómo saludarías a un hombre? Pues igual.

Y lo siento pero se me ponen los pelos como escarpias.

Punto uno: interpretar que las feministas odian a los hombres. Error. Pues espero que así no sea.

Punto dos: “salúdame como a un hombre”. Es que no soy un hombre no quiero que me saludes como a un hombre. Hay hombres que se saludan a golpes, con brusquedad. No quiero brusquedad. Quiero que me saludes y trates como a una mujer:

Ser delicado, inmenso, complejo, valioso, femenino y diferente. Tan diferente a ti. Como tu de mi.

Suelta.

La Suelta.

 

pd. Y olvidaros, mujeres, del tema de la interpretación “me ve como un objeto sexual”. me refiero a esto porque es un tema recurrente y creo que mal interpretado por nosotras.

¿que nos ven como un objeto sexual? si solo nos ven, piensan y no faltan al respeto ¿qué problema hay? en realidad es su problema, es su debilidad y bien mirado es nuestra fortaleza: dadle la vuelta a todo. Pues tenemos las de ganar, tenemos la fuerza y la sensibilidad. Defendamos nuestro valor, nuestra diferencia y por supuesto: nuestra fortaleza. Para mi, no nuestra igualdad.

 

8

 

 

Y sí, me quiso…

Me quiso más allá de las montañas y las nubes.

Me quiso por encima del cielo y las estrellas.

Me quiso hasta donde mi mirada no alcanzaba.

 

Lo sé.

Lo sé porque notaba su amor acariciarme.

Sentía cómo alcanzaba hasta el último rincón de mi alma.

Cómo alcanzó las profundidades de mis infiernos.

Y los endulzó.

Llenó mi tormento de ternura.

Tintó de colores mis pesadillas.

 

Lo sé.

Porque cada gramo de su amor entró en mí.

 

Me besó los párpados.

Respetó mis arrugas.

Desplegó mis miedos.

Hizo que todos mis sueños se cumplieran.

Y que su abrazo fuera

el océano de paz más inconmensurable.

 

Me quiso con una lealtad inquebrantable.

Me quiso como quieren los cisnes:

Sin dobleces. Sin condiciones.

Para siempre.

Me quiso.

Hasta donde mis palabras no alcanzan.

El viento, poco más.

Único testigo.

 

Pero la historia se convirtió en locura.

No pudo cruzar el río.

Alcanzarme.

Salvarme.

Allí se quedó, mirándome.

Amándome.

Y yo sin poder llegar a él.

 

Y aquel instante,

Eternidad.

Nuestras miradas allí se quedaron.

La locura me lanzó al río.

Sin querer recordar que no sabía nadar.

 

Me llevó la corriente.

Le perdí de vista.

 

Pero no dejo de sentir cada noche al acostarme

Ese amor tan tierno que viene a tocarme el pelo

A besarme las pestañas.

A dibujar círculos en mis mejillas

Hasta que me quedo dormida.

Él me acompañará por el resto de mis días.

Pero su mirada ya nunca la tendré conmigo.

Porque aquella historia se la llevó el río.

 

Sólo las montañas, el cielo y las estrellas guardan nuestro secreto.

 

Algún día nos volveremos a encontrar, pequeño.

Aunque sean las estrellas nuestra única compañía.

Tenaz, mi niña.

A veces la vida se pone de culo,

le salen espinas,

no suenan tambores,

el arcoíris destiñe,

la música silencia.

 

Y no puedes por menos que apagar tu risa.

Mirar al suelo.

Sentirte débil.

Perder las fuerzas.

Desdibujar tus sueños.

 

La vida es cabrona.

Injusta. Cruel.

La vida es caprichosa.

Suya.

Avariciosa.

La vida, tan soberbia.

 

No escucha a corazones perdidos.

Sensibilidades románticas.

 

Hay que ser testarudo.

Tozudo. Fuerte.

No mirarla de frente.

 

Abrazar

con todas tus fuerzas

tus sueños.

No soltarlos.

No escuchar gemidos cercanos.

Gemidos de gente

que no alcanzó sus sueños

Esa gente siempre te dirá

que nunca alcanzarás los tuyos.

 

Cree en ti, busca tu felicidad,

dibuja tu risa,

mece tu calor al abrigo de las envidias,

lejos de esas lecturas.

 

Porque tú,

mi niña,

eres muchísimo más que la vida,

eres más grande que el sol y más valiosa que la luna.

 

Tu felicidad la guardaron

bajo cinco cadenas

cosidas con cinco candados.

Solo Dios sabe cuándo podrás liberarla.

Pero tú no desfallezcas,

no te venzas,

no finjas.

No la mires de frente.

 

Tan sólo al próximo paso que tu tenacidad dará.

El resto humo.

 

Y tu sonrisa mi luz.

 

Tuya, siempre, La Suelta.

 

Te admiro.